VIDA & ARTES

Invertir en universidad, una apuesta rentable

El Estado desembolsa al año unos 7.000 euros por cada estudiante en la facultad

Con educación superior hay menos paro, se pagan más impuestos y se goza de mejor salud y más ocio

Fuente: INE, Banco de España, AFAT, Alcaide (2011), Ministerio de Educación, Fundación BBVA e Ivie. / EL PAÍS

El paro entre los titulados universitarios se ha duplicado desde que empezó la crisis mientras que se ha cuadruplicado para quienes no tienen estudios superiores. Pero este esfuerzo académico no solo beneficia a los egresados. Estos días se debate sobre lo que cuesta formarles —“La beca no es una limosna”, ha dicho el ministro de Educación, José Ignacio Wert— y poco sobre cómo dicha inversión revierte en la sociedad vía impuestos (suelen tener salarios más altos y, por ello, contribuir más al fisco), por su mayor tasa de emprendimiento o por el ahorro en prestaciones por desempleo.

 Todos los estudios recientes ponen de manifiesto la gran rentabilidad que este gasto público tiene para el país, que desde 2010 ha recortado más de 1.240 millones su presupuesto, lo que supone en torno a un 12,3%, según las estimaciones del Gabinete de Estudios de Comisiones Obreras. El sindicato calcula que este año se invertirán en universidades unos 245 millones de euros menos (21%) que en 2009. Según los rectores, eso les ha llevado a perder 3.000 docentes, el 3% de las plantillas. Y para el año que viene las previsiones no son halagüeñas. El nuevo reglamento de becas dejará sin ayudas a miles de estudiantes y algunas comunidades autónomas han anunciado que volverán a subir las tasas. La media era antes de 750 a 1.000 euros en primera matrícula —según las carreras— y ha subido unos 540 euros este curso que termina, según las comunidades.

Fuente: INE, Banco de España, AFAT, Alcaide (2011), Ministerio de Educación, Fundación BBVA e Ivie. / EL PAÍS

La comisión de expertos encargada de hacer un informe para la reforma de las universidades que emprenderá el ministro Wert, recuerda que la actividad de los campus “se desarrolla en un contexto científico y tecnológico muy débil”. Ellos abogan por una mayor presencia privada. El Estado costea el 80% de las matrículas y el ministerio ha ordenado que se rebaje hasta el 75%. Subir la contribución de los estudiantes no le parece al Consejo la vía mientras sea “muy ineficiente” el sistema de becas, así que abogan por captar fondos filantrópicos.

En plena crisis económica, contar con una ciudadanía con un elevado nivel de educación y formación cualificada resulta clave para salir del bache. “Existen tres salidas laborales —la empleabilidad, el emprendimiento y marcharse fuera— y para las tres es importantísimo tener estudios superiores”, explican José Manuel Pastor y Carlos Peraita, profesores de la Universidad de Valencia e investigadores del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie).

“Los jóvenes egresados tienen una tasa de paro del 24% frente al 54% de los que no tienen estudios de su edad; pero es que, además, se necesita estar formado para poder emprender, y siempre el universitario va a montar algo con más valor para la sociedad que una cafetería; y si emigra tendrá más éxito que los otros. La mitad de quienes intentan buscarse la vida y no tienen estudios se tiene que volver”. Pastor y Peraita no entienden por qué no se cruzan los datos de la Agencia Tributaria y los de las universidades para demostrar de forma fehaciente su contribución económica.

Radiografía de los campus

  • La enseñanza superior consume el 28,2% del gasto total educativo o el 0,38% del PIB de España. La evolución del gasto en I+D en España es negativa desde 2008.
  • Las 50 universidades públicas y las 31 privadas ofrecen 2.541 grados, 3.292 másteres y 1.751 doctorados.
  • La Conferencia de Rectores evaluó en 2008 que el 13% de la oferta de títulos sobraba. No existe movilidad. Entre el 80% y el 90% de los alumnos estudian en su misma comunidad.
  • Tan solo el 4,6% del alumnado es extranjero.

Cuando se invierte en la formación de los estudiantes universitarios el rendimiento que consigue el sector público es del 6,5% en el caso de los diplomados y del 11,2% en el de los licenciados, según su informe Universidad, universitarios y productividad. “La inversión en educación universitaria siempre será rentable, no solo por los beneficios privados monetarios que confiere, sino también, y lo más importante, por unos beneficios privados no monetarios considerables: mayor salud, trabajos menos monótonos, mayor disfrute del ocio, amistades más influyentes, mentalidad más abierta, etcétera”, sostiene el economista Manuel Salas, de la Universidad de Granada.

José García Montalvo, catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, no duda del retorno económico al finalizar los estudios, pero en su opinión este es privado, y revierte poco en la sociedad. “No es verdad que la Universidad termine con las desigualdades. Hay gente que, aunque fuese gratuita, nunca iría porque no puede permitirse no aportar dinero en casa durante cuatro años. El 42% de los alumnos de la Pompeu Fabra son hijos de universitarios que no necesitan trabajar para llevar dinero a casa”. García Montalvo sostiene que el Estado debería, sobre todo, invertir en la enseñanza primaria, es decir, cuando empieza la formación del niño y no está tan afectada por su origen social. Y, en cambio, gravar más las matrículas universitarias pues tendrán un beneficio salarial gracias a esos años de carrera. El economista cree difícil medir el impacto del retorno a la sociedad. “Si un ingeniero nuclear está poniendo copas seis años después de acabar ¿sumas su salario pero no descuentas los 7.000 euros anuales que se ha gastado el Estado en formarle?”, se pregunta. Incluso considera los campus un freno a los emprendedores. “La Universidad te aplasta, te uniformiza”. Y pone de ejemplo a Bill Gates o Amancio Ortega, “que no son licenciados”.

Los empresarios pagan la formación continua si se trata de titulados

Los titulados cursan a lo largo de su vida laboral más de 3.000 horas de formación continua, tantas como en una licenciatura, a diferencia de quienes tienen estudios básicos. “Las empresas solo están dispuestas a invertir en la cualificación de los licenciados. Y eso repercute a los salarios. Los que no tienen estudios tienen unas nóminas que no solo son más bajas, sino que no mejoran con el tiempo, son lineales”, precisan Pastor y Peraita. Ellos analizan la trayectoria de los universitarios desde que cumplen 35 años, cuando se observa su progresión. “Tienen una gran capacidad de adaptación a otros conocimientos y aunque haya estudiado otra cosa enseguida aprenden”.

“Hay que apoyar el título de FP, el meritocrático”, dicen en la Jaume Bofill

A Ismael Palacín, presidente de la Fundació Jaume Bofill, le gusta poner el énfasis en los titulados en Formación Profesional Superior. “Es la carrera verdaderamente basada en la meritocracia y no depende de tu origen social. El verdadero trampolín social. En números no revierten tanto a la sociedad como la Universidad, pero también empiezan a cotizar a los 18 años, no a los 24 del universitario al que se ha seguido subvencionando los estudios”.

Palacín no habla de la FP en general, sino de módulos muy demandados como las relacionados con la electrónica o las ingenierías. Por ese motivo apuesta por invertir más en estos estudios —los únicos alumnos beneficiados con el sistema nuevo de becas—. “No es un tema polémico, hay consenso político, pero ni hay suficientes plazas ni se consigue que tenga prestigio. En Corea han decidido que todo el mundo tenga educación superior o FP superior. A lo mejor los titulados tardarán en encontrar trabajo o por un tiempo estarán sobrecualificados, pero te garantiza tener una sociedad transdisciplinar, preparada para cualquier cambio en el mundo del conocimiento”.

“Graduarse tiene un retorno económico personal no social”, dice un catedrático

Muchos expertos creen que debería seguirse el modelo estadounidense. Allí, desde el primer día los alumnos saben lo que cuesta su educación, lo que les va a suponer laboralmente y cómo va a revertir en su país. “También deben ser conscientes de que elegir la carrera solo en función de dicha rentabilidad es un grave error, puesto que las posibilidades de éxito profesional dependen, sobre todo, de otras motivaciones”, subraya Juan Francisco Jimeno, del Banco de España, autor con Ángel de la Fuente, del CSIC, del informe La rentabilidad privada y fiscal de la educación en España.

“No sobran universidades, sobran titulaciones. Lo que no puede ser es que cada campus quiera tener todo el temario de titulaciones. Hay que especializarse. ¡De qué valen 60 escuelas de periodismo!, replica García Montalvo. “En la Pompeu hacemos ocho cosas, pero las hacemos muy bien. Y en otras universidades se hace mucho, pero parte rematadamente mal”. El Consejo de Expertos nombrado por el ministerio coincide —en contra del ministro Wert— en que no sobran las 50 universidades sino titulaciones. Por eso aconsejan tener en cuenta el perfil de edad de la población, la oferta y la demanda de trabajo, pero siendo sensibles “a los estudios culturalmente estratégicos”.

Y ello llevaba a plantearse: ¿El retorno cultural, que no económico, debe valorarse también a la hora de ofrecer titulaciones? “Es un dilema más aparente que real. Sin una base de conocimiento, si no se aprende a pensar, se resiente la utilidad laboral de la formación. Y sin utilidad laboral la formación resulta menos fructífera, se resiente el bienestar de la sociedad y se frustran las expectativas de los estudiantes”, reflexiona el economista Lorenzo Serrano. “La Universidad no solo puede formar personal laboral, es una educación superior que no solo interesa a quien va a trabajar”.

Desde 2010 el recorte universitario ha sido al menos de 1.240 millones

“Lo importante es que toda la información esté disponible para los alumnos también en cuanto a salidas laborales, para que los estudiantes sepan qué están eligiendo y la sociedad también sea consciente de qué está financiando”, prosigue Lorenzo. Su estudio pone en duda que sobren egresados. “España tiene menores tasas de entrada en la Universidad de los jóvenes de 18 años que la mayoría de países desarrollados: han mejorado y se sitúan en un 46,1%, pero en muchos países desarrollados superan el 60%”, explica. Y en el caso español el volumen de estudiantes tiene más peso porque las enseñanzas son más largas. Lo que sí observa es que hay muchas titulaciones sin apenas alumnos. El 29% tienen menos de 40 alumnos de nuevo ingreso.

“Lo que hay que tener es una oferta de titulaciones sensata y sobre todo en las universidades sufragadas con dinero público”, argumenta Victoria Vivancos, de la Conferencia de Rectores. “Nosotros, en la Politécnica de Valencia ya hemos hecho una reconversión. Es insostenible tener un grado con solo 20 o 30 alumnos. Hay que ser responsable, y más ahora”.

Lo que todos coinciden en señalar es que las repeticiones lastran el sistema y suponen un coste extra inmenso. Según el documento de la Fundación BBVA, en las universidades públicas los estudiantes dejan de presentarse a casi uno de cada cinco exámenes. De los presentados aprueban tres de cada cuatro.

Formar a un médico cuesta, según los sindicatos del gremio, 200.000 euros. Así que la marcha de estos profesionales resulta dramática para muchos. “Depende mucho de si estamos hablando de un fenómeno transitorio o no”, afirma el economista Ángel de la Fuente. “Si las cosas mejoran y buena parte de esta gente vuelve con la experiencia adicional de haber vivido y trabajado en otros sitios, la cosa podría ser incluso buena. Si no estaríamos ante un problema potencialmente importante de descapitalización. El capital humano es seguramente el componente más importante del stock de capital de un país. Si perdemos a los mejores y a los mejor formados, tendremos un problema serio”.

Velasco, de la Universidad de Granada, comparte esta opinión: “Los esfuerzos considerables realizados en España en los últimos diez años por tener a una población joven muy cualificada de nada habrán servido si estos universitarios acaban trabajando en otros países que se encuentran con una población cualificada y sin haber invertido ni un solo céntimo en su formación”.

 

 

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