Del folio a la tableta

La universidad camina lentamente, pero sin descanso, hacia las nuevas tecnologías

Los alumnos llevan ventaja en un proceso sin vuelta atrás

De izquierda a derecha, el profesor Antonio Rodríguez Ruibal con los estudiantes Estefanía Ríos, grado de periodismo, y Eduardo Pache, en la Udima. / ULY MARTÍN

No hay bullicio. Ni mochilas y cuadernos apoyados en la pared. Ni cientos de jóvenes hablando en los pasillos. Pero es una universidad que el curso pasado tuvo alrededor de 5.000 alumnos: la Universidad a Distancia de Madrid (Udima), que basa su enseñanza principalmente en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Un ejemplo de la digitalización hacia la que caminan, inexorablemente, universidades, alumnos y profesores.

Pizarras digitales o podcasts. Palabras que siguen sonando lejanas para algunos, pero que son las nuevas formas de aprendizaje de alumnos que ya forman parte de la generación que ha nacido entre pantallas. Antonio Rodríguez, profesor de varias asignaturas de la Udima (entre ellas, del Máster en Educación y Nuevas Tecnologías), asegura que las tecnologías permiten generar material educativo sin perder calidad y eliminan barreras. “Se trata de personalizar Internet”.

La Red, las asignaturas, los trabajos… todo es individual, y a distancia. “No significa menos contacto. Mis alumnos del máster son 33. Miro sus correos diariamente uno a uno, contesto uno a uno”, afirma Rodríguez. Se ponen cara en dos dimensiones a través de videoconferencias y redes sociales. La tercera aparece en los exámenes semestrales, presenciales obligatoriamente. El hecho de no tener que asistir cada mañana a una clase no exime del trabajo diario. “Todos los materiales educativos están preparados para cualquier soporte. Antes hacías cola en reprografía para ir cogiendo. Ahora pueden estudiar desde el minuto cero, porque todo está colgado en la web”.

Para Antonio Rodríguez solo hay una cosa que no cambia en las necesidades de aprendizaje: leer. “Puedes ver mil vídeos u oír mil podcasts, pero lo que deja una lectura es insustituible para el alumno”. Estudiantes que, en este tipo de educación, cambian sensiblemente el perfil: algunos quieren ampliar su formación o estudiar lo que realmente deseaban en su primera elección. También cambian las características del profesorado. En la Udima, la media es de 40 años, y todos sin excepción tienen amplios conocimientos en nuevas tecnologías, que son para Rodríguez el nuevo papel y lápiz. “Hace 20 años, las universidades que no tenían televisión y radio se quedaban cojas. Ahora, si no dominas las TIC, te quedas igual, cojo”.

clases para profesores

Las 10 'apps' imprescindibles

Para coger apuntes:

Evernote. Para coger notas, hacer fotos, crear listas y grabar voz. Tiene sincronización en la Nube. Gratuita. Para iOs y Android. evernote.com

Noteshelf. Tiene una interfaz muy cuidada y un amplio abanico de herramientas. Útil para carreras que necesiten hacer dibujo. 5,49 euros. Para iOs.

Para leer:

iBooks. Permite descargar y leer libros, subrayar y añadir notas. Tiene acceso directo a la biblioteca de Apple. Gratuita. Para iOs.

GoodReader. Para leer y tomar notas sobre archivos txt y PDF. 4,49 euros. Para iOs.

Para hacer listas:

Wunderlist. Una aplicación sencilla e intuitiva para organizar y compartir tareas. Gratuita. Para iOs y Android. wunderlist.com

Any.DO. Permite hacer listas, sincronizarlas y compartirlas con otros dispositivos. Gratuita. Para iOs y Android. any.do

Para trabajar en grupo:

Google Drive. Para compartir un documento para editarlo de forma simultánea y guarda constantemente la última versión. Cualquier dispositivo. Gratuita. drive.google.com

Dropbox. Todo se archiva gratis en la Nube, para consultarlo y sincronizarlo de forma instantánea con otros dispositivos. Gratuita. Para iOs y Android. dropbox.com

Para trabajar sin ordenador:

iWork. Es un tridente de apps –Numbers, Pages y Keynote– que hace las mismas funciones que Microsoft Office y que es compatible con este. 8,99 euros cada una. Para iOs

QuickOffice. Tiene procesador de textos, hoja de cálculo y PDF. Es compatible con Microsoft Office y permite introducir cambios en los archivos. Gratuito con versión Pro por 13,99 euros.

En la universidad hay una asignatura obligatoria para cualquier alumno. La ATIC. “Es la abreviatura para aprendizaje de las TIC”, indica Rodríguez. Los profesores también cumplen con ciertos requisitos. Tienen una formación específica cuando entran y cada año se realiza un congreso de innovación educativa donde se ponen en común las propuestas y donde muchas veces aparecen virguerías, según Rodríguez, que cree que la crisis ha agudizado la creatividad.

Esto es parte de una maximización de recursos que para el profesor treintañero no se está llevando a cabo y que tendría muchísimas ventajas: el dinamismo que supone el contacto continuo con el alumno, la motivación por el alto grado de ocio que tienen los dispositivos y la flexibilidad. Solo una desventaja: “La dependencia de la Red. Creo que la digitalización ya existe, pero las universidades tienen que olvidar sus sistemas tradicionales. Es una imposición digital: o estás, o no estás”.

La realidad es que la mayoría de las universidades españolas no están, o no están del todo. La Udima, privada y cuyo máximo accionista es el Centro de Estudios Financieros, es un caso aislado con unas condiciones que al resto les resulta difícil cumplir. Wenceslao Castañares es profesor en la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid y comparte la opinión de Rodríguez: “Las tecnologías se imponen por su propio peso, tarde o temprano”. En la Complutense, como en la mayoría de universidades, el proceso está siendo lento.

En todas las aulas de Periodismo hay ya un ordenador en cada mesa donde se sienta el profesor. Se colocaron poco a poco. “Facilitan mucho el trabajo y se utilizan a diario para búsquedas rápidas en la web”. Castañares ha visto el proceso desde su mesa con ordenador fijo. “En los últimos años, los alumnos han ido pasando del papel a los dispositivos, cada vez más manejables”. Se ha dado cuenta de que la sociedad no reflexiona sobre las cosas que gana y que pierde cuando se adapta una tecnología a la rutina, “pero debemos ser conscientes de lo que ocurre, porque pueden facilitar el aprendizaje y pueden distraer; al final, depende de la voluntad del alumno”.

Y de la voluntad de las instituciones universitarias depende el cambio hacia la digitalización, y Raúl Santiago Campión cree que el cambio no será fácil. “La Universidad no está preparada, los profesores llevamos un retraso respecto a los alumnos. No es malo en sí; lo que no es bueno es que haya una actitud de rechazo a engancharse al carro”. Este profesor de la UNED, consultor educacional de Apple, asegura que conoce profesores de 60 años que tienen la actitud para aprender, y lo hacen, y jóvenes que lo rechazan radicalmente.

“La privada y concertada ya dan a veces con la matrícula una tableta o un portátil, en la pública es más difícil”, explica un profesor

Según este experto en educación, habría que hacer tres cambios: “El primero, formativo, para profesores. Que vean el potencial y enseñarles cómo lo usan los alumnos. Otro, de adaptación de contenidos a los dispositivos. Y un último, el presupuestario. Los dos anteriores requieren inversiones y el momento no es el más adecuado”. Para Campión, la crisis afecta, pero es un “arma de doble filo”. La inversión retornará, según el profesor, en una mejora de los procesos de aprendizaje y una adecuación a las necesidades de los alumnos.

“Ahora mismo no se puede obligar a todos los estudiantes a que tengan un dispositivo. El modelo debe adaptarse al público. Privadas y concertadas ya dan con la matrícula a veces una tableta o un miniportátil. En las públicas es más complicado”, apunta Santiago Campión. En este sentido debe también variar, para el profesor, la visión de instituciones y padres. “Nos podemos encontrar con el inmovilismo de los Gobiernos o las dudas de los padres sobre si sus hijos aprenderán así”.

Vídeos desde casa

En otros países, como Estados Unidos, las dudas han empezado a disiparse con iniciativas como Flipped Room, y que Campión, junto con otros profesionales, se ha traído a España. “Es el proyecto de unos profesores que se dan cuenta de que tienen muchos alumnos que faltan a clase por diversas razones. Comienzan a crear vídeos para que los puedan seguir desde su casa y a la vez sirve de apoyo. Así el esfuerzo en clase puede dedicarse a hacer cosas más interesantes y que profundicen más en los contenidos”. Asegura que ya hay mucho interés de universidades públicas y privadas y empresas editoriales.

Consciente de que las tecnologías móviles tienen un potencial tremendo, asegura que lo que más importa es el cambio metodológico. “Los alumnos ya están inmersos en esas tecnologías, la cuestión es cómo podemos enrolarnos nosotros. Porque si algo tendrá el cambio total hacia la digitalización es que será irreversible”, dice Campión.

Los que mejor saben que ya no hay vuelta atrás son los alumnos. Asier García estudia Periodismo en la Universidad del País Vasco; está enganchado a la fotografía, el cine y las series. Y la tecnología. Desde que empezó la universidad hace dos años, dejó en casa la mochila y decidió probar con un iPad. “Llevo un chisme del tamaño de un cuaderno y del peso de un libro que me sirve para tomar apuntes, para hacer trabajos, de forma individual o colectiva, para acceder a cualquier información del mundo”.

Recuerda las primeras clases donde a todos les daba un poco de vergüenza sacar el portátil o la tableta, pero asegura que pasado el tiempo es raro no ver a alguien con una pantalla iluminando su rostro. Al otro lado del aula, la situación es más diversa. “Hay profesores que no saben ni encender el proyector y los que ofrecen todo el material de forma digital. Algunos permiten tomar apuntes, otros no porque está todo online y otros lo prohíben. Ahí salimos perjudicados los que no usamos los dispositivos para no aburrirnos en clase”, explica Asier García.

Este estudiante de grado desearía que las facultades diesen un paso adelante, renovando las páginas y servicios web para hacerlas más accesibles desde cualquier formato, haciendo crecer el número de profesores que ofrecen el material online e incluso un servicio similar a una biblioteca digital donde poder acceder a libros de forma remota. “Algo ideal para estudiantes que, como yo, vivimos a una hora y media de nuestra facultad”. Al menos en la suya, esa meta parece lejana. “Han restringido el acceso a unas de sus webs más importantes, donde se consultan las notas y se hacen las matrículas; solo se puede acceder desde Internet Explorer, es incompatible incluso con el navegador más utilizado del planeta, Google Chrome”.

Pero Asier García es consciente de que la balanza está a su favor. Encuentra en el iPad ventajas que ningún otro soporte puede darle. “Me quedo con su peso, su batería con capacidad para resistir todo el día y sus aplicaciones. Otra es la posibilidad de poder llevar todos los apuntes de todas las asignaturas que he cursado encima y consultar sin tener que cargar con varios kilos de folios encuadernados”.

Sin embargo, también las aplicaciones son una desventaja: “Aunque hay muchísimas grandes aplicaciones que permiten hacer lo que cualquier alumno necesita, hay algunas carreras que requieren de software más específico y que muchas veces no se encuentra disponible, o no se tiene la misma potencia en una tableta que en un ordenador tradicional”.

Para Asier es posible prescindir del papel y tener toda la información centralizada en el dispositivo que se elija, “activando el servicio de copias de seguridad siempre y sincronizando en la Nube”. Aunque para él, el verdadero cambio llegó de la mano de Internet. “Mi madre me ha contado el tiempo que se requería hace unos años para buscar, leer y recopilar información para un trabajo. Hoy, con una simple búsqueda, podemos acceder a una cantidad de información tremenda, y es una pena que muchos se queden en buscar cosas triviales”.

Distracciones tentadoras. Este alumno de Periodismo tiene su técnica: apagar la wifi y no salir de la aplicación que esté usando para estudiar. Lo equivalente a no levantar la cabeza de los cientos de folios de apuntes, que están desapareciendo de la vida de Asier. Aunque sigue llevando un bolígrafo, algo que en unas cuantas décadas quizá se convierta en un objeto de colección vintage.

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