Estudiar en el extranjero sale a cuenta

La fama de las universidades europeas, la falta de perspectivas laborales y un futuro más prometedor atraen cada vez a más estudiantes

Beatriz, estudiante que emigra a Bélgica para estudiar Medicina.

La fuga de licenciados en busca de trabajo en Europa o América está en boca de todos, pero pocos hablan de la marcha de jóvenes a esos países para cursar estudios universitarios. Los encuestados en este reportaje han emigrado atraídos por la acreditada calidad de muchos campus europeos. Y cuál ha sido su sorpresa al descubrir que, encima, resulta más barato que mudarse de ciudad para cursar estudios dentro de España.

A estos chicos, quienes fueron sus compañeros de bachillerato en España les pintan un panorama y un futuro poco halagüeños. Y ello les lleva a pensar en seguir en su país de residencia u otro que no sea España al terminar la carrera. Confían en que, con su sólida formación, no tardarán en encontrar trabajo, eso sí con la vista puesta en volver a casa pasados los años.

En Alemania, la cifra de españoles ha subido un 12% y en Francia, un 9%

A los padres de Beatriz Maliniak les va a costar 800 euros la matrícula anual en Medicina en la Universidad de Lovaina (Bélgica) y 330 al mes la residencia más la electricidad. Ello supone menos de la mitad de lo que abonarían si estudiase en Madrid viviendo en un colegio mayor. La familia se quedó estupefacta. “Yo quiero ver mundo y vivir otras experiencias, pero mi padre, que es belga, quiere que me vaya porque le da seguridad pensar que luego podré tener un trabajo”, cuenta Beatriz unas horas antes de tomar el avión.

Estudiar en la vecina Francia un grado en cualquiera de las 80 universidades públicas cuesta 188 euros anuales. Esa cifra es lo que desembolsa en Madrid un alumno de Medicina, pero no por año, sino al mes. “No es caro”, se defiende el consejero de Economía de la comunidad, Enrique Ossorio. Los posgrados siguen la misma tónica. En Francia todos cuestan 254 euros, mientras que en España algunos experimentales de la pública alcanzan incluso los 3.900 euros.

Sol Blasco estudia Arquelogía en la Sorbona (París).

Las tasas ha subido hasta un 65% en grado, el primer ciclo de la enseñanza universitaria oficial, y un 200% en máster, con grandes diferencias entre regiones. Así que, con esos datos en la cabeza, se entiende que la población española haya crecido en las facultades de Francia casi un 30% en los tres últimos años. Ya superan los 6.000 alumnos. “Crecemos desde hace años a un ritmo de un 8% o un 9%”, cuenta Jessica N’Kouma, encargada de universidad en el servicio de asesoramiento Campus France en Madrid. Reciben un centenar de consultas al mes y subiendo. “A las dobles titulaciones franco-españolas se acogen también cada vez más españoles”, añade.

“Lo que hemos detectado ahora es que hay alumnos de 17 años que vienen a consultar no pensando en vivir una experiencia fuera, sino como una estrategia para tener luego un futuro profesional. También hay padres que animan a sus hijos a que se vayan con esa intención”, cuenta Noemí Casimiro, del Servicio Alemán de Intercambio Académico en Madrid.

Las convalidaciones de Bolonia y la mejora en idiomas han sido claves

Hace cuatro cursos, los universitarios que se desplazan dentro de España para estudiar suponían el 12,6% del total (152.000) y hace dos se había reducido a un 9% (112.609). Europa se sitúa como una tentadora alternativa, aún más cuando las diferencias entre regiones son grandes. Con lo que cuesta cursar todo Derecho en Madrid, uno se podría graduar dos veces en Galicia.

Los alumnos nacionales o miembros de la UE reciben estudios gratuitos en Dinamarca, Estonia, Grecia, Malta, Austria, Finlandia, Suecia y Noruega, según el Observatorio del Sistema Universitario de Cataluña. De 21 países de Europa, España es el sexto con las tasas más altas solo por detrás de Portugal, Holanda, Italia, Irlanda y el Reino Unido. Y en nuestra contra se suma que únicamente dos de cada 10 de universitarios españoles disfruta de algún tipo de beca.

Daniel Pérez estudia 2º de Biología en Maastricht (Holanda). Recibe las clases en inglés. Como en Holanda, cada vez más países ofertan títulos en este idioma para atraer a alumnado extranjero. La tendencia apunta a que la movilidad irá aumentando. Pero no todos están entregados. En Francia, la conquista del inglés en los campus ha puesto de uñas a la Académie Française.

España es el sexto país europeo con las tasas de grado más caras

A Daniel, la matrícula le ha costado 1.000 euros y compartir piso 250 al mes. Si suspende una asignatura no será un drama. Repetirla cuesta lo mismo. En España se puede llegar a pagar 400 euros en tercera convocatoria. “Pero, si no apruebas 40 de los 60 créditos, te echan”, precisa. La repetición es uno de los mayores lastres del sistema español. Como Daniel, en Holanda hay 455 alumnos universitarios españoles. No son muchos, pero su número se ha duplicado en cuatro años.

En París vive y cursa Arte y Arqueología desde hace cuatro años la valenciana Sol Blasco. “En La Sorbona estoy comprando una marca. Sé que voy a tener ventajas respecto a cualquiera que haya estudiado en España, donde sus carreras ni figuran en las clasificaciones de las 200 mejores”, subraya. “Además, hay que tener en cuenta los beneficios sociales para los estudiantes”. Abona 750 euros de alquiler (los otros 250 se los subvenciona el Estado) y en gastos se le van 300 euros. Casi todos sus compañeros pagan menos por su casa. “Tengo una amiga que es autónoma, da clases de Matemáticas. La residencia de su escuela de ingeniería le cuesta 100 euros y está becada por el Estado francés”, explica.

El Espacio Europeo de Educación Superior defiende que la movilidad de alumnos dentro de Europa “deje de ser una excepción para convertirse en norma”. Pues estudiar fuera —y así lo recoge la página web de Educación— mejora la formación académica y las competencias interculturales y lingüísticas, además de aumentar las posibilidades de encontrar empleo. La nutrida presencia de las universidades europeas en las ferias educativas nacionales da idea del tirón que tienen entre el alumnado español.

Álex Blasco estudia Quimica en Sussex,

Antonio de Castro, de IE University, lo tiene claro: “Hace un siglo los españoles hacían las Américas, en los cincuenta se iban a Alemania y luego nos volvimos localistas. Ahora la tendencia está cambiando. Los padres que no vieron mundo quieren que sus hijos lo hagan estudiando”. Para De Castro, coautor de La próxima generación de universitarios, el primer paso fueron las becas Erasmus. “Bolonia está simplificando las homologaciones y esto lo hace todo más fácil. También que cada vez hablamos mejor otros idiomas”.

A Casimiro, del servicio de consultas alemán, las homologaciones de Bolonia no le convencen. No coincide el número de cursos de grado, posgrado y doctorado entre los dos países y cuando se quiere continuar estudiando en el otro Estado la validación de títulos resulta a veces un martirio, opina.

Educación intenta que en España se favorezca esta internacionalización haciendo más sencillo que vengan estudiantes de países con los que no hay convenio bilateral de acreditación. De los 3,4 millones de estudiantes que se mueven en el mundo —la mayoría, por Estados Unidos y Reino Unido—, España capta el 1,4%, aunque en los últimos años va en aumento. El pasado curso los foráneos eran un 4,6% en grado y un 17% en posgrado.

En Alemania no hay tasas. Se pagan 150 euros de gastos semestrales administrativos y se necesita para vivir 496 euros mensuales, según datos de la Obra Estudiantil Alemana. Ese es uno de los motivos que justifican que el alumnado español haya subido un 25% desde 2008 (sin contar el último curso), según datos del Servicio de Intercambio Académico del país. La española está ya entre las seis comunidades foráneas más numerosas.

El pago por una carrera francesa es de 188 euros. En la española llega a costar hasta 2.372 euros

Un estudio del banco británico HSBC apunta en la misma dirección. La suma de las tasas y la manutención en el primer ciclo de la enseñanza universitaria suponen 5.273 euros en España frente a los 5.209 de Alemania. Probablemente la diferencia sea mayor en muchos de los casos. En España, el coste medio de la matrícula está en 754 euros, pero en las carreras experimentales se dispara y crece más en los másteres.

A los que se marchan también les conquistan las oportunidades de trabajo que se abren tras graduarse, todo un milagro en España. Lo cuenta Álex Blasco, primo de Sol, que cursa el tercer año de Químicas en la Universidad de Sussex (Reino Unido). “Luego quiero hacer el doctorado y, quién sabe, a lo mejor ser director de cine porque aquí se te permite crear tu propio itinerario”. En Sussex imparte clase un Nobel de este campo y contó en su nómina con otros dos más. “Mi hijo estudió en un colegio inglés. Creo que la formación es la mejor y única herencia que puedo dejarle”, explica su padre, Agustín Blasco, catedrático de Genética Animal en la Politécnica de Valencia. Desembolsa cada mes 700 euros por el alojamiento y los gastos de su hijo.

Los Blasco barajaron cinco facultades —en todas le pedían un sobresaliente para entrar— y Alex llegó a hacer entrevistas en tres. Se decantaron por Sussex y aún no han pagado una libra por la docencia. Álex tendrá que devolver 14.000 euros a partir del momento en que gane 23.000 euros al año. Con ese salario contribuiría con unos módicos 30 euros al mes. “Todo el que quiera el crédito lo tiene. Me parece un sistema justo. Así, el estudiante que tenga mayores perspectivas salariales por ser licenciado devuelve a la sociedad lo que ha invertido en él”, opina su padre, que se desespera pensando en la cantidad de estudiantes frustrados por no ser médicos a los que imparte clase. “En el aula de Álex son 48, que es el máximo que permiten. En cambio, José Ignacio Wert —ministro de Educación— pretende que no haya carreras en España con menos de 50 alumnos. Esa es la diferencia”.

El cordobés Alberto Muñoz casi oculta que sacó en selectividad un 13,98 sobre 14. Se le abrieron incluso las puertas de la elitista Oxford pero prosigue en la Universidad de Durham, en el noreste de Inglaterra. “Es igual de pintoresca, con castillos y college”, describe. Alberto recibe una pequeña ayuda de Muface, la universidad le beca la mitad de la matrícula de 3.500 euros y el resto lo paga su familia. El college son 4.700 euros por curso. En Madrid podrían ser 7.200. El banco HSBC posiciona a Reino Unido como el tercer país más caro para estudiar de su lista de 13 (22.181 euros). Pero, además de haber muchas becas, el temor de no poder encontrar trabajo no existe. Muñoz o Blasco, aunque no lo verbalizan, saben que se los rifarán.

Europa también tienta en la enseñanza privada.

Estados Unidos, la cuna de las universidades más prestigiosas según las clasificaciones internacionales, se sale de estos parámetros. Estudiar en una institución de la costa Este puede costar hasta 70.000 euros anuales. Para los alumnos extranjeros también resulta prohibitivo instalarse en Australia, Emiratos Árabes Unidos o Canadá.

Europa también tienta en la enseñanza privada. Carla Pinera fue una de los 200 aspirantes seleccionados entre 5.000 para estudiar en la prestigiosa Grande École de Commerce de París. La mayoría de sus compañeros ha pedido un crédito para pagar los 10.000 euros anuales de matrícula (cifra similar en una facultad privada prestigiosa en España) los dos primeros cursos. No pagan intereses y empezarán a devolverlo cuando ganen dinero. Con los 800 euros anuales de sueldo que recibirán por las prácticas del resto de cursos cubrirán esas matrículas, “En parte me he venido por la visión práctica que tienen aquí los estudios. Desde primero vamos a alguna empresa. Eso no pasa en España”, razona Carla. Paga 500 euros de piso. “Impresiona las grandes facilidades que hay para los estudiantes en Francia”, se alegra.

Pedir un crédito similar al de la Grande École de Commerce de París ya no es posible en España. Los préstamos Renta Universidad del ICO que se empezaban a pagar al ganar 22.000 euros son ya historia. Y, lo que es peor, cientos de becarios del ICO del curso 2010-2011 no encuentran trabajo. En su año, los requisitos cambiaron y el banco les exige un dinero que no pueden devolver pues la crisis se ha tragado los empleos y su ilusión. El extranjero parece para ellos la única salida.