Europa se replantea su lucha contra el cambio climático

La Comisión debate si reorienta sus prioridades: de la sostenibilidad a la competitividad

El consejo informal de ministros de Energía se reúne en Lituania para hablar de objetivos para 2030

“La industria tiene problemas. La energía es muy cara y no podemos competir”, asegura, tajante, el vicepresidente y comisario de Industria de la Comisión Europea, Antonio Tajani. Esa preocupación, ampliamente compartida en el Ejecutivo europeo, es la que está llevando a Bruselas a plantearse un dilema que todo el mundo querría evitar: ¿Hay que reorientar las prioridades en política energética? ¿Ha sido Europa demasiado ambiciosa en la lucha contra el cambio climático? ¿Puede seguir liderando esa batalla en el mundo o debería centrarse en rebajar la factura de la energía y ganar competitividad frente a chinos y estadounidenses? Son preguntas que una Comisión Europea dividida se plantea internamente y que tratarán los ministros de Energía reunidos hoy en consejo informal en Vilna (Lituania).

No se esperan decisiones de esta reunión, pero sí que el debate sobre las prioridades en materia de energía y clima empiece a estar sobre la mesa de los Estados miembros. Ya en diciembre, será el consejo de ministros de Energía que se celebrará en Bruselas el que tendrá que entrar más a fondo en la discusión política sobre los objetivos para 2030. “Vilna servirá para empezar a ver cuál es la prioridad. Antes, era la sostenibilidad. Ahora, con la crisis, si sigue subiendo el precio de la energía…”. El alto funcionario comunitario no acaba la frase. Le vuelve a suceder mientras avanza la conversación: “Cambio climático sí, pero si los otros no hacen nada… Renovables sí, pero si sigue aumentando el precio de la electricidad…” Casi como queriendo convencerse a sí mismo, añade: “Pero no es una marcha atrás, sino una reflexión”.

La reflexión que hace Tajani, que atendió a EL PAÍS y a otros medios españoles el martes pasado en Bruselas, se resume básicamente en que, si no hay un acuerdo a nivel global sobre los objetivos de la lucha contra el cambio climático, Europa no debería avanzar más. “Me gusta el coche limpio”, afirma, “pero no se puede buscar un objetivo más ambicioso si no hay acuerdo a nivel global”. La Unión Europea ha hecho bandera del esfuerzo por reducir las emisiones de gases contaminantes. “Pero llevamos 15 años solos. No nos ha seguido nadie en esta historia. Si no tenemos aliados, debemos reducir el nivel de ambición”, subrayan desde su departamento. En época de vacas gordas, vienen a decir, Europa podía permitirse liderar al mundo en este aspecto, pero ahora se trata de mirar por los puestos de trabajo que aún no se han perdido.

La comisaria de Cambio Climático, Connie Hedegaard, representa el polo opuesto en esta discusión. Pese a ser consciente de que las cosas han cambiado mucho desde la cumbre de Copenhague, cuando una Europa boyante se lanzó a salvar el planeta, considera que las energías renovables también pueden generar riqueza y puestos de trabajo. El cambio climático ya no es una cuestión medioambiental; es industrial, energética y política. “Antes se hablaba de salvar el planeta; ahora, de ver cómo esto nos va a ayudar a reducir nuestra factura energética”, señala su portavoz, Isaac Valero. “Europa paga 1.000 millones al día en importación de petróleo”, añade. “Si hay una región en el mundo a la que le interesa seguir apostando por las renovables y las tecnologías de eficiencia energética es Europa, porque aquí apenas tenemos fuentes de energía. Eso es lo que nosotros podemos producir”.

Los representantes de los Estados miembros —pese a tratarse de un consejo de ministros, el titular español de Industria, José Manuel Soria, no ha acudido porque lleva hoy viernes el proyecto de ley de reforma energética al Consejo de Ministros; ha enviado a un director general— discutirán hoy en Vilna qué camino habrá que seguir con la vista puesta en 2030. Ayer hablaron sobre mercado interior de la energía (competitividad, precios e infraestructuras). Hoy conocerán el resultado de una consulta pública, con más de 500 propuestas, sobre política energética y clima. Las reglas para el 2020 están claras desde hace años: un 20% de la energía que se consuma entonces debe provenir de fuentes renovables. Falta definir cómo de ambiciosa quiere ser Europa a largo plazo.

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