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El PP atiende la última exigencia de los obispos sobre la Religión en clase

La materia confesional compite con 13 asignaturas optativas y los obispos quieren que la asignatura sea de oferta obligatoria en esta etapa

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Clase de Religión en San Fernando de Henares (Madrid).

Las enmiendas que el PP va a presentar a la reforma educativa a su paso por el Senado incluirán mejoras para la asignatura de Religión, que aún no han concretado, pero que los obispos habían reclamado días atrás. La pretensión de la Iglesia es que se refuerce la materia en el bachillerato, es decir, que sea una asignatura de oferta obligatoria en esta etapa, algo que la ley no aclara. Tampoco el PP ha querido desvelar en qué consistirá su enmienda.

Ambos, Iglesia y PP están en negociaciones para rematar lo que los obispos consideran “flecos importantísimos” de la reforma.

El catolicismo en las aulas ha salido ganando con la reforma Wert, porque ahora la materia tendrá una alternativa en la educación secundaria obligatoria y los alumnos deberán elegir entre una y otra, algo que siempre han reclamado los obispos. Será evaluable y computará para optar a una beca, según reconoció el Ministerio de Educación, aunque falta por desarrollar los detalles.

En la actualidad, la asignatura ya es de oferta obligada en el primer curso del bachillerato, en atención a los acuerdos de España con el Vaticano de 1979, pero la reforma de Wert no lo deja claro en el texto. “La Religión es una entre 14 optativas en bachillerato y los centros solo están obligados a elegir [impartir] dos o tres. Por lo tanto, muchos no la ofrecerán y esta redacción de la ley es insuficiente”, se lamentaba hace un mes el portavoz de los obispos, Juan Antonio Martínez Camino. El Gobierno no se pronuncia y el grupo popular tampoco quiere adelantar acontecimientos. “No hay ninguna decisión tomada”, aseguró este lunes Sandra Moneo, portavoz popular de Educación en el Congreso. “El Gobierno trabaja pero no hay nada cerrado. No hay una propuesta definitiva”. Su homólogo en el Senado, Luis Peral, reconoció que se está “estudiando” y que “casi seguro que seguirá perfeccionándose en el Senado”.

Peral cree que el hecho de que no se mencione la obligatoriedad de ofrecer la Religión en bachillerato, es “un error técnico, que lo razonable sería subsanar porque los acuerdos internacionales deben cumplirse”, señaló a la cadena SER. Esos acuerdos señalan que el catolicismo tendrá en el currículo un trato en condiciones “equiparables a las demás disciplinas fundamentales”.

“El Gobierno nos ha dicho que quiere cumplir los acuerdos. Que este es el mínimo. Y creemos que estamos a tiempo de que se perfeccionen algunos puntos que no cumplen los acuerdos”, decía confiado Martínez Camino.

La Religión es elegida en los centros públicos por el 66,62% de los alumnos de primaria, el 39% en secundaria y el 23,3% en bachillerato. Es decir, pierde peso cuando son los niños de más edad los que deciden. “No creemos que muchos alumnos de bachillerato decidan estudiar religión. En 18 institutos del País Vasco nadie pidió esa asignatura y desapareció. Durante un año dedicaron esa hora a reforzar otras materias pero se denunció que no se ofrecía y ahora no pueden usar esa hora para refuerzos”, cuenta Francisco Delgado, presidente de Europa Laica.

“Otra cosa es que hinchen la nota y los estudiantes se apunten para mejorar su expediente”, prosigue Delgado. Hasta que no se conozca el desarrollo de la norma no se sabe, pero si la Religión (y su optativa) tienen más peso en bachillerato, como ocurre en la ESO, y se tiene en cuenta para calcular la nota media, eso será determinante para entrar en la universidad y optar a una beca.

“Si la Religión es evaluable en bachillerato entra en competición directa con otras asignaturas importantes. Y es una dinámica complicada porque la carga lectiva es muy alta. ¿A quién quitas?”, se plantea Miguel Latorre, secretario de enseñanza pública de FETE-UGT. “Habría la tentación sana de optar por Religión si te va a garantizar una buena nota cuando la competencia en bachillerato es extrema”. Para el sindicalista esta enmienda supondría “devolver el toro al corral”, porque se trataría de un cambio de calado que llega en el Senado, que todos sabemos tiene una “tramitación más laxa”. Y reconoce que hubiese avivado la polémica de las protestas educativas.