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Sin idiomas no hay paraíso

En el mundo laboral no basta saber otra(s) lengua(s). Hay que demostrarlo

Para eso es indispensable contar con el correspondiente diploma que demuestre el nivel

Una clase de chino en la Fundació Institut Confuci de Barcelona.

Ser plurilingüe ya no es una necesidad, sino una obligación. El pragmatismo gana terreno a marchas forzadas al romanticismo de aprender nuevos idiomas. La demanda por añadir nuevas lenguas al catálogo de conocimientos personales está creciendo en los últimos años, especialmente por la necesidad de dar valor añadido al currículo y ganar puntos respecto a la competencia. Esto no solo se nota en las aulas de las academias, sino también en aquellos que se presentan por libre a los exámenes de certificación para conseguir el preciado diploma que demuestre, ya sea a la universidad o a la empresa, que se domina cierto idioma.

El inglés continúa siendo el rey entre los idiomas extranjeros, pero se abren camino con fuerza las lenguas con mucho potencial laboral, como el alemán o el chino. Los certificados los otorgan las instituciones homologadas de cada país (lo que correspondería al Instituto Cervantes), pero también la red de Escuelas Oficiales de Idiomas (EOI). Aunque cada organismo bautice los títulos con nombres diferentes, los niveles están unificados por el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas en seis peldaños que van desde el nivel A1 (básico) y el intermedio B2 (un First Certificate o un quinto y último curso de la EOI) hasta el C2 (el más avanzado).

Los exámenes que permiten obtener el certificado acostumbran a ser muy parecidos en su estructura, ya que todos miden las cuatro competencias básicas: la comprensión escrita (preguntas sobre un texto), la comprensión oral (visionar un vídeo o escuchar una grabación y responder cuestiones sobre ellos), la expresión escrita (redactar un texto) y la expresión oral. Hay que tener en cuenta que en general los títulos no caducan, pero alguna empresa o universidad puede exigir que no hayan transcurrido más de dos años desde la certificación.

Imprescindible inglés

Hay diferentes instituciones que acreditan el inglés, aunque la principal es la Universidad de Cambridge, la que otorga el conocido First Certificate, los más arraigados en España. Esta certificación se puede conseguir a través de varios centros autorizados por el campus, como el British Council. Más de 250.000 alumnos españoles se examinan de estas pruebas, que se envían a este campus inglés para su corrección. Las convocatorias de los exámenes se realizan con mucha frecuencia, que llega a ser mensual en las principales capitales. Las tasas de las pruebas van desde los 189 euros del First Certificate, 207 euros para el Advanced (C1) y 214 euros en el Proficiency (C2).

Pero el British Council también ha desplegado sus propios títulos. Se trata del International English Language Testing System (IELTS), que dispone de la versión Academic, si lo que se quiere es estudiar en una universidad inglesa. También hay una versión, el General, para el mundo laboral o para la migración. “Si alguien decide irse a vivir a un país anglosajón que no sea Estados Unidos, hay que tener en cuenta que normalmente te piden cierto nivel de inglés para acceder a un permiso de trabajo y residencia”, explica Bernie Maguire, asesora de acreditación y exámenes del British Council.

Pero después de Cambridge, el diploma más conocido es el Test of English as a Foreign Language ­(TOEFL), cuya principal característica es que evalúa en inglés americano y es el más reconocido si lo que quiere es estudiar o trabajar en Estados Unidos y Canadá. La titulación, que caduca a los dos años, la otorga la empresa ETS. La prueba cuesta unos 200 euros, pero depende del centro homologado que la acoge.

Aunque menos conocidos, también se puede certificar el inglés a través del Trinity College o la Universidad de Oxford.

El clásico francés

El francés vuelve a ganar terreno a raíz de la crisis y la necesidad imperiosa de ampliar el catálogo de lenguas habladas. Aquí también se está viviendo un aumento de las certificaciones de este idioma físicamente e históricamente cercano, especialmente a partir del nivel B2, según explica Veronique Deschamps, responsable de exámenes del Instituto Francés de Barcelona. “Hay mucha gente que ya tiene nivel, pero nunca se habían preocupado en sacarse el título, pero ahora ven necesario tener el diploma porque se quieren ir al extranjero o simplemente porque quieren mejorar su currículo”, añade.

Si una persona apuesta por el idioma de Baudelaire, tiene a su disposición los conocidos Diplôme d’Études en Langue Française (DELF) y Diplôme Approfondi de Langue Française (DALF), unas pruebas instauradas en 1987 que elabora el Ministerio francés de Educación. La diferencia entre ambos radica en la dificultad. El primero cubre cuatro niveles, los más básicos (del A1 hasta el B2), mientras el DALF acredita ya niveles avanzados (C1 y C2). También existe el DELF Profesional, aunque “es poco conocido y poco usado”, admite Deschamps, y el DELF escolar.

En España, los dos organismos autorizados para la acreditación son el Instituto Francés y la Alianza Francesa, aunque en las ciudades donde no estén presentes, como Salamanca, se encarga la universidad. Los exámenes se convocan tres veces al año y su coste oscila entre los 73 euros del A1 hasta los 205 euros del C2. Para uso académico se suele pedir un B2. “Aunque hay excepciones, como la Sorbona, que exige un C1”, advierte Deschamps.

El útil alemán

Y si el francés está en auge, el alemán no se queda atrás. Muchas personas, igual que hicieron generaciones anteriores hace medio siglo, vuelven a mirar al país conocido como locomotora de Europa para labrarse un futuro. El Instituto Goethe –la institución que gestiona todo lo relacionado con la cultura y el idioma alemán– está notando este incremento de la demanda. Solo en la sede de Barcelona, desde 2009 se ha disparado un 83% el número de alumnos que estudian en el centro y un 40% las personas que se presentan por libre para obtener el ansiado título.

La crisis ha disparado el número de personas que estudian alemán, ante la posibilidad de tener que emigrar para poder trabajar. El chino lo demandan menores y licenciados entre 20 y 40 años

El más habitual y el más demandado es el B2, junto con el C1. Para estos dos niveles, intermedio y alto, se realizan tres convocatorias anuales. Como en el caso de otros idiomas, las tasas del Goethe son variables según el nivel, pero para obtener el B2, el más habitual, el importe varía entre los 110 euros si se es alumno del centro o los 180 euros para los externos. El importe asciende hasta los 280 euros en el nivel más alto, el C2.

Sonia Baez, jefa de estudios del Instituto Goethe en Barcelona, explica que tanto para una finalidad académica como laboral hay que pensar en certificar un nivel intermedio, aunque aconseja informarse antes porque los requisitos pueden variar según la universidad o el trabajo. “Puede ser que a un médico le pidan un B2 en un land y un C1 en otro”, avisa.

El futuro es chino

Si China se está postulando a reina de la economía mundial, su idioma empieza a encontrar su mercado, especialmente entre empresarios y profesionales que apuestan por los países emergentes. El Instituto Confucio, encargado de gestionar los exámenes, aterrizó en Madrid en 2007. Existen tres tipos de certificaciones diferentes: YCT, HSK Y HSKK. El primero, formado por cuatro niveles, está destinado para niños menores de 14 años. El HSK es la prueba escrita para adultos y se compone de seis niveles, el ya citado abanico desde el A1 al C2. El HSKK es el examen oral, formado por tres niveles, que se hace de forma individual con un ordenador.

Los tres certificados son independientes, pero Isabel Cervera, directora del Instituto Confucio de Madrid, asegura que tanto el escrito como el oral son necesarios para estudiar o trabajar en China. Si el destino es laboral o cursar una carrera en una universidad china, se requiere al menos el cuarto nivel del HSK –que corresponde al B2–, pero en el máster sería necesario un quinto o sexto, aconseja Cervera. Hay dos convocatorias anuales de las pruebas, que cuestan unos 50 euros y se realizan en las cinco sedes de la institución en España (Madrid, Barcelona, Granada, León y Valencia).

Cervera explica que el perfil habitual de personas que se presentan al examen –se enseña el mandarín– son menores que ya estudian chino como extraescolar o licenciados entre 20 y 40 vinculados al mundo empresarial.