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El otro ‘Prestige’ de las aves marinas

Los temporales en el Atlántico Norte dejan 28.000 aves muertas en las costas y se estima que han caído unas 300.000

No se descarta la responsabilidad del cambio climático en estos fenómenos

Frailecillos, araos y alcas sufren unas consecuencias que se suman a la sobrepesca y los vertidos de petróleo

Aves muertas recogidas en la costa cántabra por voluntarios.

Cerca de 28.000 aves muertas recogidas y una estima de 300.000 realmente afectadas es el balance que deja el paso reciente de los sucesivos temporales por las costas atlánticas europeas. Tras la catástrofe del Prestige, los voluntarios recogieron durante ocho meses 17.000 aves muertas entre las costas francesa, española y portuguesa. En poco más de dos meses (de diciembre de 2013 a comienzos de marzo de 2014) se han recogido 21.600 solo en la orilla francesa del golfo de Vizcaya. En España falta por concretarse el número exacto, pero en un solo día, el 22 de febrero, se recogieron los cadáveres de 231 aves marinas.

“Estamos ante otro Prestige”, advierten los voluntarios y supervisores de esta otra catástrofe. “La última vez que tuvimos una llegada masiva similar de aves muertas fue con el hundimiento del petrolero”, corrobora Felipe González, delegado de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) en Cantabria. Junto al Grupo Ibérico de Aves Marinas de esta organización dieron con los 180 araos comunes, 29 frailecillos y siete alcas comunes en solo 48 kilómetros de la costa cántabra, además de 15 ejemplares de otras especies. “Es la primera vez que tenemos una arribada provocada por temporales tan intensos y continuos en el tiempo”, corrobora González.

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Voluntarios de Seo/Birdlife registrando las aves muertas en Cantabria.

En las costas francesas del golfo de Vizcaya es donde se ha llevado a cabo un mayor y mejor esfuerzo de prospección de los efectos del temporal sobre las aves marinas gracias al trabajo de la Ligue pour la Protection des Oiseaux (LPO). Las cifras actualizadas al 27 de febrero marcan 14.455 frailecillos muertos sobre un total de 21.567 aves (hay que sumar 2.784 que fueron rescatados con vida), a los que les siguen 5.443 araos y 376 alcas. Desde las islas británicas, la Royal Society for the Protection of Birds (RSPB) reporta datos parciales en fechas y lugares que suman 2.600 ejemplares más. Según sus cálculos, entre los datos de la LPO y las estimas para las costas españolas y británicas, los temporales han matado al menos (se siguen recogiendo cadáveres) a 28.000 aves marinas. De España aún se esperan datos globales, fruto del programa de seguimiento en el Cantábrico y el Atlántico que coordina SEO/BirdLife con fondos del proyecto europeo Interreg FAME (Future of the Atlantic Marine Environment).

Para Felipe González, “esta mortandad masiva no sería tan grave si se tratara de fenómenos aislados porque, al formar grandes colonias, las especies tienen la capacidad de recuperarse con la siguiente cría, pero el problema es que el cambio climático agudice estas borrascas, que además se suma a otros impactos que sufren”. Desde la RSPB recuerdan que el golpe que están recibiendo frailecillos, alcas y araos, las especies más afectadas, se une al impacto de la sobrepesca y la desviación de las corrientes frías marinas (como consecuencia del cambio del clima) donde encuentran los bancos de peces de los que se alimentan. Según la RSPB muchas de estas aves sufren la presión de tener que realizar grandes desplazamientos para encontrar peces en plena época de cría, lo que les obliga a abandonar durante más tiempo la zona de cría, fatigarse en exceso y exponerse a depredadores. La consecuencia: disminuye la aportación de alimento a los pollos y el éxito de la reproducción.

Sin grasa y hasta sin músculo

Las tres especies más afectadas son álcidos (frailecillo, arao y alca) que migran hacia el sur del Atlántico Norte durante el invierno y forman grandes colonias en altamar, flotando en la superficie marina, donde se alimentan de peces. Al contrario que pardelas, alcatraces o gaviotas, los álcidos están menos capacitados para sobrevolar y huir de las borrascas invernales que se han sucedido en los últimos meses, los que les obliga a tirar en exceso de las grasas acumuladas en sus cuerpos para sobrellevar la dificultosa búsqueda de comida entre los azotes de las olas y vientos de hasta 200 kilómetros por hora.

“Llegan muertas de hambre, incluso con la masa muscular consumida porque también tiran de ella, y algunas alcas aparecen con manchas de petróleo, bien porque al orillar había esos restos en la arena o porque hay barcos que aprovechan el temporal para la limpieza de tanques”.

“Afortunadamente, la gran mayoría de las que se rescatan con vida se recuperan porque en cuanto les aportas comida superan la desnutrición y el agotamiento con los que llegan”, asegura Felipe González, quien destaca la labor que se realiza en este sentido en el centro de recuperación de fauna del parque de Cabárceno (Cantabria).

El problema es que la época de cría que está al caer la van a afrontar con muchos menos efectivos. Y lo que falta por conocer. Atocha Ramos, que ya participó en la recogida de información sobre aves afectadas por la marea negra del Prestige, y Cosme Damián Romay son dos biólogos que ha decidido dedicar el tiempo que les dejan libre sus trabajos para inventariar todas las aves afectadas por las borrascas en Galicia. “Gracias al apoyo de amigos y ornitólogos, que nos van pasando aves y localizaciones de restos, tenemos datos ya de más de 600 ejemplares, la gran mayoría frailecillos y araos, a los que les hacemos necropsias para dar con las causas de su muerte”, comenta Romay. “Y solo llevamos contabilizadas aves hasta enero”, apostilla. Hay que recordar que en febrero y marzo hubo nuevos temporales.

La Universidade da Coruña, con la cesión de un laboratorio para realizar las necropsias, y la Sociedade Galega de Ornitoloxia y la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (Cemma), que apoyan con sus redes de voluntarios e infraestructuras, también contribuyen a inventariar una orillada de la que nunca se dispondrá de datos precisos del todo. “Mucha gente de las zonas afectadas nos hablan que vieron tal o cual ave muerta, pero sin precisar, con lo que estimamos que solo tenemos un 10% de lo que realmente acabó en las costas, cuyo total, a su vez, supone un 10% de la mortalidad completa”, señala Damián. En la LPO francesa obtienen datos imprecisos de muchos ejemplares muertos en altamar que avistan los pescadores. Todas las ONG que participan en la recogida de datos reclaman la colaboración ciudadana para informar sobre cualquier ejemplar que se advierta.

Para Euan Dunn, responsable de medio marino de la RSPB, "este naufragio de aves marinas alcanza un nivel sin precedentes en la memoria viva y podría tener un profundo impacto en las colonias de cría de de las especies más vulnerables”. Roland Gauvain, director del Alderney Wildlife Trust, ONG que participa en la coordinación de la respuesta a la catástrofe en las islas del canal de La Mancha, comenta que “durante las últimas tres semanas hemos visto más aves marinas muertas en nuestras costas de las que podríamos encontrar en un período de cinco a diez años”.

“Nunca se había visto nada igual”. Es otro de los comentarios frecuentes, en este caso entre los ornitólogos aficionados a detectar la presencia de especies poco o nada habituales. Ricard Gutiérrez, secretario del Comité de Rarezas de SEO/BIrdLife e impulsor de la página web y el blog Rare birds, relata la llegada de gaviotas de Bonaparte, de Ross y groenlandesa y de gaviones hiporbóreos. “La rareza no está tanto en que lleguen estas especies, porque en alguna ocasión las hemos avistado en España, sino la cantidad y la procedencia; es la primera vez que detectamos una llegada conjunta de ejemplares procedentes del ártico americano, en lugar del europeo”, relata Gutiérrez. Para este ornitólogo, “esta circunstancia refleja cómo el estudio de las rarezas en ornitología sirve para certificar que este tipo de borrascas tienen influencia en los patrones de distribución e incluso de colonización, aparte de confirmar su virulencia”.