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24 horas, 45 trasplantes

EL PAÍS reconstruye la frenética jornada del 20 de febrero con algunos de los protagonistas que convirtieron aquella fecha en un día histórico

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Trasplante de hígado, la semana pasada, en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda, Madrid.

Fue sobre las dos y media de la tarde cuando Sara Sánchez se dio cuenta de que aquel no iba a ser un día normal. En la sala de coordinación de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) llevaban ya cinco donantes a esa hora, el total habitual de un día. Había que buscar destino para dos pulmones sanos que estaban disponibles en un hospital de Madrid. Había que preparar un avión que debía desplazar a un equipo de cirujanos de Barcelona para ir a recoger unos órganos a un hospital del norte peninsular. Había que pedir permisos de despegue y aterrizaje en los aeropuertos, mandar faxes con números de vuelo, coordinar a los equipos médicos receptores de un punto del país con los donantes que están en otro, comprobar compatibilidades de los pacientes, sincronizar llegadas de aviones y de ambulancias... Y el teléfono no paraba de sonar.

Cuando el teléfono suena en esa sala de paredes forradas con mapas de España con chinchetas de colores, suena. Las llamadas que entran rebotan en cuatro terminales simultáneamente —y en un quinto, el de la habitación de guardia— produciendo una amplificada orquestación del timbre telefónico por partida cuádruple. No hay manera de no escuchar una llamada.

A Sara, enfermera donostiarra de 36 años, le tocaba aquel día la guardia, lo que implica entrar a las ocho de la mañana y quedarse hasta las ocho de la mañana del día siguiente al frente de esa gigantesca orquesta sinfónica que es la oficina de coordinación y sus 187 tentáculos desplegados en otras tantas oficinas regionales y locales.

Carmen Segovia, la persona que debía entrar a las 15.00, ya estaba sentada en su puesto a las 14.30, diadema con auricular y micrófono acoplado a la cabeza, a tope; Carmen Martín que había entrado el día anterior, se disponía a prolongar su jornada. Y Marta García, la jefa, también había tenido que dejar el despacho para hacer frente a esa mañana en que el teléfono no paraba de sonar.

Donde suele haber dos enfermeras coordinando, se tuvieron que asignar cuatro. A pleno rendimiento. Se estaba gestando una jornada para la historia.

Ocurrió el pasado jueves 20 de febrero, hace apenas un mes. España volvía a superar todos los récords en un campo en el que está reconocida como auténtico líder mundial. Fue una jornada de locos, estresante y, al cabo, épica, en la que la generosidad de 16 familias permitía generar 45 trasplantes en un día, lo nunca visto, una auténtica exhibición de músculo organizativo. Un total de 22 hospitales de 11 comunidades autónomas participaban en este despliegue. Atrás quedaba pulverizada la cifra del 26 de junio de 2012, en que se llegó a 36 intervenciones en 24 horas.

45 trasplantes en un día.

La vida de 45 personas daba un vuelco. En al menos cinco casos, los donantes salvaban a cinco personas situadas al borde de la muerte. Tres corazones se implantaban en pacientes denominados en urgencia cero; si no recibían el órgano en el plazo de 72 horas, corrían el riesgo de fallecer. Dos trasplantes hepáticos se realizaban en pacientes con diagnóstico muy grave.

Fue una jornada de locos, estresante y, al cabo, épica; 45 trasplantes en un día, lo nunca visto

Y todo con la maquinaria de la ONT a pleno rendimiento, con receptores que accedían a un órgano siguiendo una rigurosa y democrática lista de espera; no como el caso del que se supo esta semana, en que un acaudalado libanés intentaba saltarse la lista de espera mediante la compra de un hígado, un delito.

Por motivos de respeto al dolor y a la privacidad de los donantes fallecidos y de algunos receptores, en la elaboración de este reportaje resultó necesario no desvelar algunas identidades así como el origen y destino de algunos de los órganos. La ley española sobre donación y trasplantes garantiza el anonimato de los donantes y la confidencialidad entre donante y receptor.

Desde la ONT explican que, en ocasiones, se producen conexiones psicológicas delicadas, relaciones patológicas o situaciones difíciles de gestionar con familiares de donantes que necesitan saber dónde vive el corazón de su hijo o hermano fallecido; o con receptores que necesitan agradecer o recompensar la generosidad de la familia donante. De ahí el que no se hayan desvelado algunos datos. Así transcurrió el 20 de febrero de 2014, según lo relatan algunos de sus protagonistas.

8.00. Oficinas de la Organización Nacional de Trasplantes, Madrid. Sara Sánchez comienza su jornada como de costumbre, escuchando el relato de la persona que ha estado de guardia la noche anterior. Su compañera Itziar Martínez narra cómo fue todo. A esta reunión suelen acudir 13 enfermeras, 9 médicos y el doctor Matesanz, director de la ONT, una organización que en el año 2013 alcanzó su récord de trasplantes en un año, 4.279; 68 más que el año anterior.

Por buenas que sean las cifras, empieza un día más con una lista de 5.500 pacientes que esperan, en algún punto de España, que llegue por fin el órgano que pueda cambiar o salvar su vida.

8.00. UCI del hospital Virgen del Rocío, Sevilla. José Manuel, de 57 años, se encuentra en una situación muy grave. El 80% de su corazón ya no funciona. Ha ingresado en el hospital a las 19.30 del día anterior tras pasar por el hospital de la Merced, en Osuna (Sevilla), como consecuencia de un infarto. Su mujer, Aurora, escucha las explicaciones del médico.

 Son momentos de mucho estrés, todo es urgente, tienes que jugar con los tiempos”, dice una enfermera. “El día fue vertiginoso” 

“Ya estaba muy mal”, recuerda en una oficina del hospital Virgen del Rocío esta mujer de 51 años que regenta un negocio de hostelería junto a su marido en Écija, “nos dijeron que ya se estaban parando sus órganos”.

La familia está en estado de shock. Al salir del hospital de Osuna, rumbo al Virgen del Rocío, para hacerle un cateterismo, José Manuel estaba mal. Pero al llegar a destino, la médica que le acompañaba en la ambulancia les dice: “He hecho todo lo posible por él”. José Manuel llevaba 20 minutos en parada cardiorespiratoria. “En ese momento vivimos la sensación de pensar que había muerto”, confiesa su hija Noelia, de 25 años.

El fallo multiorgánico por falta de riego sanguíneo es una amenaza seria en esos momentos. El médico plantea a la familia una posibilidad: conectar a José Manuel a un ECMO —de sus siglas en inglés, Extra Corporeal Membrane Oxigenation—, una máquina que permite oxigenar la sangre del paciente y bombearla para mantener al paciente con vida, ganar tiempo.

El cirujano José Miguel Borrego lleva a cabo esta intervención. Una vez salvada la situación, en su calidad de jefe del servicio de cirugía cardiaca del hospital, decidirá colocar a José Manuel en situación de urgencia cero; es decir, con prioridad, a escala nacional, en caso de que aparezca la posibilidad de un trasplante.

9.30. Hospital Puerta de Hierro, Majadahonda (Madrid). Se realiza una prueba para comprobar que uno de los pacientes del hospital está en muerte encefálica. Así se certifica. Su familia está de acuerdo en donar sus órganos. Varios pueden ser aptos para trasplante.

Se pone en marcha un dispositivo que supondrá la movilización de 31 personas en este hospital madrileño. Cada equipo quirúrgico de España al que se haya ofrecido un órgano desde la ONT y para el que se haya encontrado un receptor adecuado vendrá a lo largo de este largo día a realizar la extracción. Dos o tres cirujanos, tres enfermeras y un anestesista componen cada unidad. Se hará necesario apelar a la dirección del hospital para que abra camas y quirófanos.

El fallecimiento de una persona puede cambiar la vida de cinco personas.

“Al tener un donante multiorgánico, todo fue más complejo”, relata en una sala del hospital madrileño Juan José Rubio, que está al frente del equipo de coordinación de trasplantes. “Mi jueves 20 fue caótico”, describe María José Segade, enfermera que también forma parte de esta unidad. “Tuve que cargar el móvil dos veces”.

Fátima Dávila, que también pertenece a este equipo, cuenta que en situaciones como la que se produjo el jueves 20, ella puede llegar a recibir hasta 80 llamadas en apenas 15 minutos. “Son momentos de mucho estrés, todo es urgente, tienes que jugar con los tiempos. El día fue vertiginoso”. En ocasiones, el receptor que está más a mano no es el adecuado. Puede ser incompatible por el grupo sanguíneo o por las características físicas. “Entonces hay que avisar a un segundo receptor, y los tiempos se van acortando”.

12.00. Un hospital del norte de la Península. La ONT recibe otra llamada, hay un donante. Pero los tres órganos extraídos, al llegar a su destino, en otro hospital, también de la zona norte, serán declarados no válidos para el trasplante. Por tanto, no podrán ser contabilizados entre los 45 órganos del récord —que incluye los trasplantes que se han originado en el día, aunque sean culminados al día siguiente—. Ocurrirá con dos órganos más a lo largo de la jornada.

13.25. Hospital de Navarra, Pamplona. Hay otro donante multiorgánico. El teléfono de la ONT vuelve a sonar. “Cuantos más órganos hay, más complicados se hacen los criterios de distribución”, explica Carmen Segovia, coordinadora de trasplantes de la ONT que lleva 25 años trabajando en la organización, desde que se fundó.

A las 20.15, momento crítico. Un nuevo donante. Hay cuatro aviones volando y hace falta otro. Pero no hay ninguno disponible.

Ante todo hay que evaluar los criterios clínicos. Estudiar compatibilidad sanguínea entre donante y receptor; tener en cuenta el peso, la altura. Luego entran en juego los criterios geográficos. Lo primero son las urgencias cero, que tienen prioridad absoluta. Después, se analiza la proximidad: el propio hospital; después, la propia ciudad, y la propia comunidad autónoma.

Dos hospitales de la zona norte rechazan alguno de estos órganos por cuestiones de incompatibilidad. Dos pulmones acabarán siendo trasladados en un vuelo a otro punto de la Península.

14.30. Oficinas de la ONT, Madrid. Dos hospitales más, uno de ellos en Madrid, y otro, de la zona centro, han comunicado que disponen de donantes. El operativo se complica. Los aviones y las ambulancias tienen que llegar a la misma hora al punto de recepción o traslado de órganos. Mientras en un quirófano se procede a una extracción, en otro ya se está rasurando al receptor. Y siempre con el tiempo de isquemia, las horas que el órgano se conserva en buen estado, empujando las agujas del reloj.

Corazón y pulmones pueden aguantar en buen estado cinco horas; el páncreas, seis; el hígado, ocho; los riñones, hasta 24. Para el envío de hígados y riñones, a veces se pueden utilizar vuelos regulares. Para pulmones y corazón, hay que recurrir a compañías privadas, el tiempo apremia.

—Hola, soy Sara, de la ONT...

Cada vez que Sara Sánchez pronuncia estas palabras, comprueba que todas las puertas se abren. Pilotos, Guardia Civil, hospitales, laboratorios. Todo el mundo rema en la misma dirección y con un mismo objetivo: salvar vidas. “Este es el mejor trabajo que se puede tener”, dice Sara Sánchez. “Saber que formas parte de esa cadena, que has conseguido mover los hilos, te hace sentir muy bien. Ver cómo la gente dona de manera altruista te hace creer en el ser humano”.

Carmen Martín, una de las cuatro coordinadoras de la ONT, que lleva movilizada desde el día anterior a las tres de la tarde, tiene que prolongar su guardia para hacer frente al día. No se podrá ir a casa hasta las ocho de la tarde.

Suenan los teléfonos. Varios hospitales llaman comunicando que hay más donantes. A las 14.00, a las 15.00, a las 15.10, a las 15.36, a las 15.45. Las coordinadoras tienen que evaluar dónde destinan los 14 órganos que acaban de aparecer en el mapa.

Es como ser controlador aéreo: tomas decisiones en cuestión de segundos”, dice la coordinadora Carmen Segovia

14.30. UCI del hospital Virgen del Rocío, Sevilla. José Manuel entra en el quirófano para que le conecten al ECMO. Su mujer y sus dos hijos esperan. La operación durará tres horas.

17.00. Un hospital de la Comunidad de Madrid. Comienza la extracción de órganos en un hospital de la capital. Hay cinco disponibles. Entre ellos, un corazón, que finalmente se quedará en esta comunidad autónoma.

17.30. UCI del hospital Virgen del Rocío, Sevilla. La operación para conectar a José Manuel al ECMO ha ido bien, pero el paciente ha sufrido varias paradas cardiorespiratorias. Su situación sigue siendo muy grave, los médicos plantean a la familia la posibilidad de un trasplante.

La familia de José Manuel se lo piensa. No lo tienen claro. Noelia, la hija, llega al hospital y se lo dice muy claro a su hermano y a su madre:

—Esto no se piensa. Hay que ponerle ese corazón, ¡es una oportunidad que no se puede perder! ¡Es un milagro!

Detrás de esa posibilidad está todo un equipo de coordinación local compuesto por dos enfermeras, dos médicos y una administrativa. Al frente de ellos, la médica intensivista Teresa Aldabó, que lleva un día de vértigo. “El azar quiso que en este caso, en muy pocas horas, hubiera un corazón válido”, comenta en la sala de coordinación del hospital sevillano.

18.00. Collado Villalba (Comunidad de Madrid). Suena el teléfono de casa de Antonio, farmacéutico de 44 años que lleva un año y ocho meses esperando un riñón. No hay nadie en casa, tanto él como su mujer María, han ido, cada uno, a buscar a una de sus hijas al colegio.

Son muchas emociones muy intensas”, explica Antonio, trasplantado de riñón, “te metes en una montaña rusa hasta que despiertas en la UCI”

María recibe la llamada en el móvil. Hay un órgano disponible y compatible. “Es la llamada que estás esperando, pero te pilla absolutamente desprevenido”, rememora Antonio, la semana pasada, en pijama, con el rostro aún un poco amarillento, en la habitación en que se recupera de la intervención que le ha cambiado la vida.

Ese jueves 20, Antonio no se puede creer lo que está a punto de ocurrir: si todo sale bien, adiós a esas 10 horas amarrado a “la máquina” de la diálisis cada noche; adiós a lo de no poder quedarse a la sobremesa de las cenas porque tiene que volver a “enchufarse”; adiós a la renuncia a viajar por el mundo. “Son muchas emociones muy intensas”, explica, “te metes en una montaña rusa hasta que despiertas en la UCI”.

 18.00. Oficina de la ONT, Madrid. El panorama se complica. Tres aviones surcan el cielo de la Península. Tres equipos de cirujanos se dirigen a tres puntos distintos del mapa a extraer un corazón, un pulmón y un hígado. Dos se dirigen desde el Este hacia Madrid. Otro lleva a un equipo médico hacia Navarra. Hay seis ambulancias transportando órganos con destino a Madrid, Zaragoza, Toledo, Albacete y Sevilla. Una más desplaza a un equipo médico entre dos ciudades de Andalucía.

18.30. Instituto Dexeus, Barcelona. El móvil del doctor Rafael Matesanz emite un pitido más. No ha parado en todo el día. El hombre que está al frente de la ONT desde hace 25 años está conectado a Carla, un sistema que le permite recibir alertas en su móvil cada vez que aparece un donante o se atribuye un órgano a un receptor. Matesanz ha acudido esa tarde al prestigioso instituto a recibir un premio. “Sobre esa hora fui consciente de que batiríamos todos los récords”, asegura. “La sociedad cada vez dona a más nivel. Lo que más me gusta es que esto manda un mensaje positivo a los que están en lista de espera”.

19.30 Hospital Puerta de Hierro, Majadahonda (Madrid). Antonio entra por urgencias, le llevan a diálisis, habla con la nefróloga.

—Hay un riñón y es muy bueno, muy compatible. Sobre la una de la madrugada entramos en quirófano, dice la nefróloga.

—¿Hay alguna posibilidad de que no me trasplantéis, no vaya a ser que me esté haciendo demasiadas ilusiones?, pregunta Antonio, temeroso.

Aún no se puede creer que su vida está a punto de cambiar para siempre.

19.30. Santiago de Compostela. Suena el teléfono de Robert Amil Bello, piloto de avión de 36 años. Tiene que desplazarse a una localidad del norte de la Península para recoger a un equipo médico que va a realizar un trasplante. Deberá conducir a un cirujano y dos enfermeras a una localidad del este de la Península para que procedan a la extracción de un hígado y un pulmón.

Amil lleva nueve años transportando neveras, con órganos en su interior, de una punta a otra de España. “Al ser un servicio de emergencia, somos como las ambulancias en tierra”, explica. Siempre se les da prioridad, lo que supone que hacen la ruta más directa entre dos puntos. En vuelos de una hora, recortan los tiempos de vuelo entre 10 y 15 minutos. En su compañía, Airnor, una hora de vuelo viene a costar entre 2.200 y 2.800 euros. Despegará a las nueve de la noche.

20.15. Oficina de la ONT, Madrid. Momento crítico. Máxima tensión. Un nuevo donante. Hay cuatro aviones volando y hace falta otro. Es preciso desplazar urgentemente a un equipo del norte de la Península hasta Barcelona para extraer un pulmón. Pero no hay ningún avión disponible.

“Fueron 20 minutos de angustia”, recuerda Carmen Segovia, coordinadora. La presión, en situaciones como esas, es máxima. “Tienes que tomar medidas resolutivas en muy poco tiempo. Debes preguntarte: ‘¿Qué hago ahora mismo y qué puedo posponer cinco minutos?’. Es como ser controlador aéreo: tomas decisiones en cuestión de segundos”.

Hay un paciente esperando un pulmón en esa localidad del norte. El donante que ha aparecido es idóneo, el grupo sanguíneo y las medidas encajan perfectamente.

Pasan 20 minutos. Por fin se consigue otro avión. Hay que enviarlo al norte. Eso implica preparar la nave, establecer un plan de vuelo, pedir permiso de despegue, recoger al equipo, trasladarlo a Barcelona, movilizar una ambulancia que lo vaya a buscar al aeropuerto. “En esos momentos, el tiempo que pierdes es vital”, dice la veterana coordinadora. “Y el paciente, a veces, está esperando ya en quirófano, abierto”.

Son cinco los aviones privados que se movilizan en el día del récord.

21.00. Hospital Virgen del Rocío, Sevilla. José Manuel entra en quirófano para el trasplante.

22.30. Aeropuerto Militar de San Javier, Murcia. La ONT ha llamado para solicitar al jefe del Estado Mayor del Aire un permiso de aterrizaje en las instalaciones del Ejército en Murcia. Un equipo hepático llegará procedente de una localidad del centro de la Península con un hígado viajando en su nevera. Permiso concedido.

A esas horas, mientras realiza todas esas gestiones, Sara Sánchez mordisquea una mandarina. Se va tragando los gajos mientras contesta a las llamadas.

Carmen Segovia, la coordinadora de apoyo, que normalmente a esas horas regresaría a casa y quedaría pendiente del teléfono por si es necesario que vuelva, se quedará hasta las cinco de la madrugada. “Fue un día especial”, dice desde su experiencia de 25 años en estas funciones. “Se juntaron muchas donaciones en un corto espacio de tiempo. Hubo varios donantes multiorgánicos. Y hubo más donantes jóvenes, con lo que el número de órganos fue mayor.

La edad media de los 16 donantes del 20 de febrero fue de 54 años, oscilando entre los 18 y los 75 años. Hubo dos menores de 40. Mayoritariamente, fueron mujeres.

22.30. Sevilla. Suena el teléfono de Matthew John Kenny, conductor de ambulancias. Tiene que recoger un páncreas y un riñón en una ciudad andaluza para llevarlo a otra. “En noches así, no duermes”, dice este hombre de 46 años nacido en Londres y criado en Sevilla. “Ojalá estuviésemos más de un día sin dormir”, declara.

Su monovolumen Peugeot 807, al que apodan el Pájaro Azul —porque siempre va volando de un sitio a otro; y por su color—, deberá estar listo para el transporte a las cuatro de la madrugada. “No me importa ir solo con mis neveras”, dice Kenny con su gracejo andaluz, “voy charlando con los órganos por el camino, para que no se me duerman”.

Viernes 21 de febrero, 2.00. Hospital Virgen del Rocío, Sevilla. El doctor Adsuar sale del quirófano. Todo ha salido perfecto. José Manuel ha superado el trasplante sin problemas. “Desde entonces, han sido todo pasos positivos”, dice su hija Noelia.

La confusión en que se hallaba los primeros días va remitiendo. Está deseando ver a su perro, Fiti. Su mayor ilusión es asistir al nacimiento de su nieta Ángela, previsto para julio.

Viernes 21 de febrero, 8.00, Hospital Puerta de Hierro, Majadahonda, Madrid. Empieza, por fin el trasplante de Antonio. Todo sale bien. “Es maravilloso ver que tantas personas donaron en un mismo día”, explica 12 días más tarde en la habitación del hospital, “ha tenido que haber una conjunción de astros. Las personas que donan salvan vidas reales, esto no es una película”.

Viernes 21 de febrero, 12.30, Madrid. Sara Sánchez llega a su casa. Normalmente, cuando está de guardia, suele acabar a las 10.00 su jornada; pero esta mañana, el relato de la jornada anterior a sus compañeros ha sido más largo que de costumbre. Normalmente, llega a las 10.30 y se acuesta, o come y se echa una siesta: pero hoy no puede dormir, está acelerada. Normalmente, no se producen días como este: acaba de vivir una jornada para la historia. Para la historia de 45 vidas.

Epílogo. De los 45 pacientes que se sometieron a un trasplante el 20 de febrero, 43 han evolucionado bien o muy bien.

José Manuel, con su nuevo corazón, sigue en el hospital Virgen del Rocío. Cada día se encuentra mejor.

Antonio está ya de alta, en su casa. Aún no se ha acostumbrado al silencio de las noches sin escuchar “la máquina”.

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