Ecuador recluta a más de 800 españoles para sus universidades

El gasto en educación en este país se ha triplicado en seis años

En 2012 Rafael Correa, presidente de Ecuador, ordenó cerrar 14 universidades que no cumplían unos mínimos de calidad. En 2013 clausuró la 15º y 86 carreras. Un tiempo en el que ha habido un continuo goteo de profesores españoles hacia el país. “Hace dos años en la Universidad Técnica de Ambato no había ninguno y ahora somos 14 y otros seis se han marchado a Quito o a España”, cuenta José María Lavín, hasta 2012 profesor en la facultad de Telecomunicaciones de la Universidad Rey Juan Carlos.

Esto no ha hecho más que empezar. Solo el 2,33% de la población tiene educación superior, cuando UNESCO recomienda el 10%. Dentro del Plan Internacional de Captación y Selección de Educadores se han ofertado 500 puestos para profesores españoles que impartirán clase en la gratuita Universidad Nacional de Educación (UNAE). La República Dominicana también ha hecho el esfuerzo de formar a sus educadores, pero sin contar con profesorado extranjero.

Enrique Iglesias, ex Secretario General Iberoamericano, resume los motivos del auge educativo en el subcontinente en tres ideas: la pobreza solo se erradica desde una educación de calidad; en la sociedad del conocimiento no habrá espacio para los no formados a todos los niveles y edades; y la vorágine tecnológica es de tal magnitud que solo quien reciba la formación de base podrá pertenecer a la sociedad del futuro.

Sin doctorado en 2017 no hay plaza fija

Apenas un 1% de los docentes ecuatorianos tiene un doctorado —en las públicas españolas un 70%— y desde 2017, como en España, para ser profesores titulares será obligatorio haber leído la tesis. Un 26% tiene una maestría. “Resulta muy traumático para ellos. No hay casi másteres —previos a hacer la tesis— y se ven obligados a irse a México, España o Argentina”, cuenta la doctora en Psicología María Provencio, que se ha vuelto a Madrid con una beca. “Supone irse fuera cuatro o cinco años. Aquí setienen hijos pronto y les cuesta mucho tomar la decisión”, relata José María Lavin, antes en la Rey Juan Carlos que tiene a su cargo a tres doctorandos en la Universidad de Ambato.

“Una vez vuelvan no habrá tanta demanda de españoles en tres años”, sostiene Mario Sánchez, al frente de un proyecto social de la Universidad de Cuenca. “Los jóvenes estarán mejor formados y habrá programas de investigación importantes que mejorarán las capacidades de su pueblo y su buen vivir”.

Las universidades españolas realizan giras por el subcontinente para firmar acuerdos que les proporcionen doctorandos. Más ahora que con la subida de las tasas de los másteres han perdido clientela (un 5,8% menos el pasado año). En la actualidad el 53,7% de los 20.000 extranjeros que hacen un posgrado en España son latinos, frente al 20% de europeos. Y el 60% de las tesis extranjeras (un cuarto del total) son de latinos.

Otras tres universidades del conocimiento de excelencia —relacionadas con la investigación, las ciencias de la vida (energías renovables o cambio climático) y la tierra (geología, minas o petróleo)— están en marcha. Además, el programa de investigación Prometeo ha seleccionado ya a 180 españoles de los que 125 ya están allí o han trabajado. “Se trata de captar a los mejores científicos e investigadores de todas las áreas para que aporten sus conocimientos en nuestro país”, explica el embajador de Ecuador en España, Miguel Calahorrano. “Un 25% aproximadamente de los prometeos proceden de España, país con el que Ecuador tiene unas excelentes relaciones consolidadas por el lazo histórico, la cultura, el idioma y la religión y acentuada a partir del siglo XXI por el fenómeno migratorio”, se felicita.

Los prometeos acuden para una estancia de entre dos meses y un año pero resulta muy fácil reengancharse. Aunque hay quien se lo plantea como una estancia de movilidad. Es el caso de Gorka Moreno, sociólogo de la Universidad del País Vasco. En mayo se va con su familia por cuatro meses. Allí investigará sobre cómo invertir las remesas económicas en el turismo, formará a profesores y estudiantes y dará alguna charla divulgativa a la población. Es un programa “con una logística muy buena”. La dotación económica va entre los 3.300 y los 4.500 euros mensuales ya Moreno, director del Observatorio Vasco de Migraciones, le pagan además la casa, un seguro médico y el billete de avión.

“Me ha sorprendido el cambio del flujo migratorio. Tantísimos ecuatorianos que llegaron a nuestro país durante nuestros años de bonanza (1999-2005) —llegaron a ser medio millón— y ahora están volviendo y nosotros yendo”, razona el murciano Rafael López, ingeniero agrónomo, que trabaja en un programa de uso sostenible del agua y el suelo de la Universidad de Cuenca. El gasto en Educación en el país se ha triplicado en seis años. Pero el peso de la enseñanza privada sigue siendo muy fuerte. Representa un tercio del total en el mundo, pero en el caso de Latinoamérica el 50%.

El sueldo en la UNAE va de los 1.600 a los 3.800 euros, más un bono adicional de vivienda (de 300 a 530 euros), comida en el centro de trabajo y transporte. Cuentan en la embajada que recibieron 19.000 candidaturas por vía telemática, pero se descartaron a muchos no licenciados. Se entiende el interés despertado por la precariedad peninsular. Lo ilustra bien la malagueña Alba Anaya, que estudió Bellas Artes y Comunicación Audiovisual, es técnica superior en Artes Gráficas y tiene un máster en Didáctica. “En España estaba trabajando de profesora de extraescolares, de acomodadora en un teatro y daba clases en un centro cultural. No ganaba lo suficiente para vivir dignamente y estaba estresada”. En una semana en Ecuador tuvo varias ofertas de universidades y empresas de diseño. Da clase en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador

Aix Jorquera siguió los pasos de Alba e imparte clase en la Universidad de las Américas de Periodismo y trabaja en una empresa audiovisual. “Por fin me he sentido valorada. Nos han abierto la veda y estarán contentos de que no sumemos en las listas del paro, pero a la larga, ¿quién se va a quedar en España?”, se pregunta. “Los españoles me han pagado dos carreras y un máster, para que ahora los frutos de mi trabajo se los lleve otro país”, se lamenta la antigua becaria.

“Es distinto de España. Aquí la asistencia a clase es siempre obligatoria, se pasa lista dos veces durante la clase, y se controla lo que se imparte”, cuenta la murciana Claudia Alonso. Licenciada en Bellas Artes y doctoranda, va a combinar el trabajo en dos universidades privadas y una pública. “España no apoya el arte ni la cultura. En Guayaquil la gente está muy despierta”, subraya.

La historiadora santanderina Rocío Pérez redunda en la capacidad ecuatoriana “para poder hacer cosas, proponer y participar, asumir responsabilidades...”, aunque la experiencia en investigación sea muy menor. Ecuador tan solo ha registrado diez patentes en una década, el 70% de sus universidades no tenía identificadas líneas de investigación y un promedio de 4, 3 libros por estudiante cuando en Europa son 100.

Rocío, a punto de leer su tesis sobre Antropología del Desarrollo en la Universidad de Cantabria y profesora de Sociología en la Universidad de Cuenca, se pregunta "cómo es posible que una persona que ha invertido más de diez años en su formación gane como profesor universitario menos de mil euros al mes". Un sueldo muy bajo impartiendo tres asignaturas semanales y participando en varios proyectos de investigación.

 

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