Emigrantes centroamericanos escenifican en México su particular vía crucis

Ciudadanos de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador reclaman libre tránsito y seguridad

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Emigrantes centroamericanos se manifiestan en el Distrito federal (México) este martes, 23 de abril.

Libre tránsito y seguridad. Son los dos anhelos que formulan a Dios miles de emigrantes cada año a su paso por México. La República es para ellos solo lugar de paso, el camino hacia una vida mejor o una vida a secas, un destino que a veces no llega porque el tránsito por México es penoso, arriesgado y a veces mortal. El jueves pasado cuatro ciudadanos murieron en la Bestia, el peligroso tren de carga que acerca el sur al norte del país. Tan solo dos días antes, medio centenar de personas procedentes de Honduras, Guatemala, Nicaragua y El Salvador, habían comenzado su particular vía crucis desde El Naranjo (Guatemala) para llamar la atención de las autoridades sobre las dificultades que encuentran en el viaje.

Recién llegados este miércoles a la Ciudad de México la caravana de mil personas busca una audiencia con el presidente de la República, Enrique Peña Nieto. “Venimos a pedirle libre transito, no queremos que nos sigan extorsionando, robando o asesinando. Que no se derrame más sangre por las vías del tren, que podamos caminar por las calles como personas libres y subirnos a un autobús sin miedo”, explica la hermana Leticia, una de las defensoras de derechos humanos que acompaña la marcha desde el sur del país. Los precedentes no son buenos. Hace apenas dos semanas otro grupo de migrantes hondureños mutilados por La Bestia se marcharon sin lograr un encuentro con el mandatario. “De aquí queremos desplazarnos al Estado de México, uno de los lugares donde más muertes y violencia ha habido”, añade la hermana. En esta entidad, limítrofe al Distrito Federal, se encuentra la estación de Lechería, escenario de asaltos y persecuciones contra los extranjeros sin documentos.

“Si no pagas 100 dólares por cada trayecto, te tiran del tren”, dice el padre Alejandro Solalinde, uno de los sacerdotes mexicanos más involucrado en la causa del emigrante. “De frontera a frontera el costo del desplazamiento llega a los 1.500 dólares y eso sin incluir el brinco [a Estados Unidos]. Aunque pagar a alguien para que te pase al otro lado no garantiza nada” añade. “Pueden agarrarte las autoridades, o sufrir la extorsión del crimen organizado, que se asienta ya en ambos países”.

Otros de los activistas que acompañan la marcha son Rubén Figueroa, del Movimiento Migrante Mesoamericano y Fray Tomás González, encargado del albergue La 72, en Tenosique, Tabasco. Este último recordó que el vía crucis no es tan solo una representación. “Es real porque da a conocer cómo se humilla a las personas, cómo se agrede al migrante en su tránsito por México con secuestros, extorsiones, y violaciones sexuales a hombres y mujeres”.

El recorrido hasta aquí, relata ante la prensa local, esta vez tampoco ha sido fácil. Al comenzar el viaje, cuando se subieron al tren en Tenosique, ya cerca de 450 personas, la empresa ferroviaria decidió desenganchar los vagones donde ya estaban acomodados. Tras cinco horas de espera, se les notificó que “no sería posible viajar por todo lo que implicaba”. Los emigrantes optaron por caminar 20 kilómetros hasta llegar a una comunidad dentro del municipio de Zapata, donde descansaron antes de marchar otros 20 kilómetros hasta llegar a la cabecera municipal.

Aprovechando su estancia en el Distrito Federal, los grupos de emigrantes han programado una reunión con el jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera. Días atrás lograron un encuentro con el gobernador de Veracruz, Javier Duarte. Esta entidad situada al este de México es otro de los focos rojos de seguridad para los ciudadanos centroamericanos.