Abel Rodríguez, de Cuba, que estudia en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, en Madrid. / SANTI BURGOS

Los latinoamericanos que estudian en España suelen cursar licenciaturas en universidades y, sobre todo, másteres también en centros universitarios o escuelas de negocio, sector este último en el que España tiene cierta pujanza. Se han educado en casa, pero buscan una formación especializada más allá de la que han recibido en su país de origen. Algunos tienen expectativas de hacer carrera en Europa, pero también viajan con calculadora: el funesto panorama de la crisis a este lado del charco, unido al fuerte crecimiento que presentan algunos países latinoamericanos, hace que muchos contemplen volver a casa y contribuir al desarrollo de sus países con los conocimientos recién adquiridos. Según los últimos datos disponibles del Observatorio Permanente de la Inmigración del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, en 2012 hubo 19.415 personas procedentes de América Central y del Sur con autorización de estancia por estudios. Por primera vez desde 2005, esta cifra caía, en concreto en 3.383 personas, un 14,84% menos que el año anterior. Pero no todos han venido a estudiar en universidades o escuelas de negocio. Otros cursan estudios en centros fuera de la universidad (aunque muchos de estos centros ofrezcan estudios homologados). Interpretación, cine, hostelería y restauración, dramaturgia, música, diseño, lexicografía, etcétera. Estos son algunos casos.

“Desde que nací, prácticamente lo único que he hecho es tocar el violín”, dice Abel Rodríguez. Nació en Camagüey (Cuba) en 1988 y, como dice, se formó como músico desde muy joven. “La educación en Cuba es buena, sobre todo a nivel de teoría y de cultura general, y también en las fases más elementales de la enseñanza. Lo que faltaban eran maestros de nivel superior, en especialidades. Aunque en general estoy contento y agradecido”, asegura.

Su peripecia en España empieza en 2011 cuando fue invitado a estudiar en el Conservatorio Superior de Música de Aragón, en Zaragoza. Luego vio opciones de entrar en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, en Madrid, hizo las pruebas y fue admitido. “Esta escuela es muy respetada en Cuba. Para mí, ser admitido fue como un sueño porque muy pocos estudiantes cubanos lo han conseguido y sus nombres son muy conocidos”, cuenta el violinista.

La crisis española no le asusta: “En los pocos años que llevo en España sí que he notado un retroceso, pero, claro, en Cuba se vive de manera muy diferente y llevamos en crisis desde que cayó la Unión Soviética”. ¿Cuáles son sus perspectivas de futuro? “No sé lo que querría hacer en el futuro, siempre que sea tocando el violín. En Cuba está mi casa y mi mundo, pero no me importaría continuar en otro sitio. Tengo algunos compañeros a los que les ha salido un contrato en China y se han ido sin pensárselo dos veces. Incluso sin hablar inglés”, declara.

Celia Godoy, de Paraguay, y Zayra Marcano, venezolana, han sido becadas por la Fundación Carolina para completar su formación en España

La Fundación Carolina promueve las relaciones culturales y la cooperación educativa entre España y los países miembros de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. Con sus becas ayuda a estudiantes latinoamericanos a completar su formación en España, en posgrados, doctorados o estancias cortas posdoctorales. Aunque la gran mayoría de sus becas son para universidades o escuelas de negocio, algunas transcurren en otros centros. Uno de ellos es la Escuela de Lexicografía Hispánica de la Real Academia Española (RAE). Allí ha obtenido una beca, en colaboración con la editorial Planeta, la estudiante venezolana Zayra Marcano, de 30 años, que ha llegado a España hace menos de un mes. Estudio Letras en la Universidad Central de Venezuela, y después, una maestría en Lingüística. Ha venido para ampliar sus estudios en lexicografía, la ciencia del léxico y la elaboración y análisis de diccionarios.

“La educación en la Universidad Central de Venezuela es excelente, y hay una fuerte preocupación por formar bien a los profesores, pero los conocimientos que vengo a estudiar no estaban disponibles allí. Pueden significar una buena herramienta para mi futuro en mi campo de estudio y en mi trabajo”, cuenta Marcano. Tiene pensado regresar a su país y contribuir con sus nuevos conocimientos adquiridos en la formación de sus alumnos en la Escuela de Idiomas Modernos de Caracas. Espera además que las tensiones políticas en Venezuela, en las que precisamente está implicado el movimiento estudiantil, hayan cesado a su vuelta.

Su compañera Celia Godoy, proveniente de Paraguay, ha obtenido la misma beca. Allí trabaja en el Ministerio de Educación y Cultura, en labores relacionadas con la formación de los docentes, y tiene una doble formación en lengua y literatura española y lengua y cultura guaraní. “El objetivo es que con nuestros estudios consigamos aportar a las diferentes academias de la lengua de Iberoamérica, y también mejorar la formación de los docentes, lo que sin duda repercutirá en los resultados académicos”, explica.

LARGA PERIPECIA

El brasileño Juba Childs (es su nombre artístico) estudia en la prestigiosa escuela de cine Escac de Barcelona. Lo suyo ha sido una buena peripecia. Nacido en Recife, vino a Europa hace 10 años. Primero recaló en Italia, pero luego se mudó a Barcelona, donde estuvo una larga temporada como inmigrante irregular. “Estuve estudiando en otras escuelas mucho tiempo, viviendo de ilegal, sin papeles, trabajando en el mercado sumergido, limpiando casas… Hasta fui deportado en una ocasión”, explica. Con 30 años intentó entrar en la Escac sin éxito: “Quizá juzgaron que era demasiado mayor para estar con los chicos que salían de bachillerato”. Pero, después de entrar en contacto nuevamente con la escuela para el rodaje de un corto, ha sido recientemente admitido. “Ahora tengo 36 años y me llevo bien con los alumnos jóvenes y con los profesores, que son más de mi edad. Ejerzo de bisagra. De los jóvenes aprendo cosas sobre nuevas tecnología y les aporto mi experiencia en el trato con las personas”. Por esa experiencia le gustaría dedicarse al campo de la producción. Además, hace sus pinitos como crítico de cine en la web 400 Films, firmando con su nombre real, Giuliano de Oliveira. “No tengo prisa por mostrar mis trabajos de guion y dirección porque creo que no tienen la madurez necesaria, ni siquiera para YouTube”, dice. Su situación ya está regularizada y cuando acabe sus estudios no se pone límites: Europa, Estados Unidos o Latinoamérica.

“Brasil es un país de moda. Siempre lo está, y ahora más con la pasada visita del Papa o el futuro Mundial de fútbol. Pero soy crítico: creo que sería mejor gastar ese dinero en la educación, que es nefasta, o la sanidad. Creo que todo ese progreso que se enseña fuera, luego no se nota tanto en la calle”, afirma. “Pero que sea crítico no quiere decir que no sea un patriota, sino todo lo contrario”.

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