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La corteza terrestre en la península Antártica se eleva 15 milímetros al año

Un equipo científico mide el efecto de rebote del terreno al perder sobrepeso por la disminución de los glaciares

Pingüinos sobre un fragmento de glaciar en la Península Antártica.
Pingüinos sobre un fragmento de glaciar en la Península Antártica.

Que la península Antártica, una de las regiones del planeta donde el cambio climático es más acelerado, está sufriendo una elevación del terreno debido a la disminución del sobrepeso de los glaciares es un fenómeno conocido. Pero cuando un equipo científico se ha puesto a medir con precisión, mediante GPS, cuánto se eleva el suelo por el efecto de rebote, o recuperación, al reducirse el hielo que tiene encima, se ha encontrado con que es demasiado para tratarse exclusivamente de este proceso. Actualmente son 15 milímetros al año. “Este tipo de deformación de la Tierra tan acelerado no tiene precedentes en la Antártida y lo que es particularmente interesante aquí es que podemos ver el impacto que el adelgazamiento de los glaciares está teniendo en las rocas a 400 kilómetros en el subsuelo”, señala uno de los investigadores, Peter Clarke, de la Universidad de Newcastle (Reino Unido).

El rebote del suelo paulatinamente descargado de hielo es una respuesta elástica instantánea seguida de una elevación paulatina, que puede prolongarse miles de años. A estos efectos la corteza terrestre actúa como un cojín de gomaespuma que se recupera cuando se quita algo pesado que ha tenido encima aprisionándolo.

La península Antártica es la región montañosa al oeste del continente blanco que tiene un clima más templado, tanto que sufre deshielo en verano. Y el cambio climático está siendo especialmente notable allí, con un calentamiento muy superior al global: la temperatura media anual ha subido 2,8 grados centígrados en el último medio siglo, señala el prestigioso Servicio Antártico Británico (BAS), lo que significa que es “la región de calentamiento más rápido del hemisferio Sur, comparable al que sufre el Ártico”. Los datos tomados con radar desde satélites indican que la península Antártica perdió, entre 1992 y 2011, 20 gigatoneladas de masa helada al año.

Grace Nield (de la Universidad de Newcastle) y sus colegas de otras instituciones británicas, así como de Europa, Australia y Estados Unidos, han medido con precisión la elevación del terreno y han analizado los datos con sus modelos. Así han mostrado, afirman, cómo el manto bajo la corteza terrestre en la península Antártica fluye mucho más rápido de lo esperado, “probablemente debido a sutiles cambios en temperatura o composición química”, afirman. “Esto significa que fluye más fácilmente y, por tanto, responde mucho más rápidamente a la disminución de la carga unos cientos de kilómetros por encima, cambiando la forma del terreno”, señalan los expertos de Newcastle. Los investigadores han publicado su trabajo en la revista Earth and Planetary Science Letters.

“Uno esperaría este rebote a lo largo de miles de años y, sin embargo, lo hemos medido en poco más de una década… Casi lo puede uno apreciar en directo, lo que es increíble”, comenta Nield. “Como el manto terrestre es más fluido bajo la parte septentrional de la península Antártica”, continúa, “responde mucho más rápido a lo que pasa en la superficie, de manera que a medida que adelgazan los glaciares y se reduce la carga en esa zona, el manto empuja hacia arriba la corteza”.

Los investigadores se han limitado, por ahora, a estudiar la deformación vertical del terreno, pero su paso siguiente será ocuparse del desplazamiento horizontal para obtener una imagen tridimensional de la deformación de la Tierra allí, y así utilizar los datos geofísicos para comprender los mecanismos del flujo del manto. De momento han descubierto que el rebote o recuperación del terreno en tan rápido en la península Antártica que la viscosidad del manto superior de la Tierra tiene que ser al menos diez veces inferior a lo que se había estimado para esa región y muy inferior al resto del continente blanco.