Los católicos ya no comulgan con la doctrina de la Iglesia sobre las familias

El Vaticano lamenta la "considerable pérdida de autoridad moral" y pide acoger con “respeto, compasión y delicadeza” a los homosexuales

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La Conferencia Episcopal Española (CEE), el 25 de junio de 2014. EFE

Jorge Mario Bergoglio ya está haciendo cosas que jamás antes había hecho un Papa. El pasado sábado acudió a Calabria y excomulgó a la ‘Ndrangheta y a todas las mafias que imponen su ley criminal en Italia. Ayer, el Vaticano presentó el resultado de la encuesta mundial que Francisco había encargado el pasado mes de octubre para conocer, de primera mano y sin intermediarios, las opiniones de los católicos sobre algunos asuntos que, hasta ahora, habían sido un tabú. Una de las respuestas más llamativas es que los fieles “se resisten” a la doctrina de la Iglesia sobre “el control de la natalidad, el divorcio y las nuevas nupcias, la homosexualidad, las relaciones prematrimoniales o la fecundación in vitro”. Otra de las conclusiones es que los católicos de a pie están de acuerdo con Bergoglio cuando, a su regreso de Río de Janeiro, dijo aquello de “¿quién soy para juzgar a los gais?”. Los fieles abogan por que los homosexuales sean acogidos con “respeto, compasión y delicadeza”, evitando frente a ellos “todo signo de discriminación injusta”.

La iniciativa del Papa surgió el pasado mes de octubre. El Vaticano envió a las diócesis de todo el mundo 38 preguntas muy concretas para saber qué sufrimientos espirituales aquejan a las familias católicas en la actualidad. Con las respuestas –llegadas desde parroquias, movimientos eclesiales, instituciones académicas o especialistas a título individual—se ha elaborado un documento de 77 páginas –Instrumentum laboris—sobre el que tendrán que trabajar los obispos en el sínodo extraordinario convocado para el mes de octubre próximo. De su lectura se infiere que muchos católicos han hecho de su capa un sayo ante la incapacidad de la Iglesia de dar respuestas a los nuevos desafíos. El documento –presentado por el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos—llega a admitir que la Iglesia debe encontrar con urgencia “nuevos lenguajes” y “formar adecuadamente a los operadores pastorales” para transmitir sus enseñanzas.

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El papa Francisco con un grupo de niños españoles en el Vaticano, el 25 de junio de 2014. AP

La Iglesia tiene claro que no va a cambiar su doctrina, pero sí el acento y la mirada. Un ejemplo muy claro sobre el que también trata el documento es la relación con las parejas homosexuales. El documento dice que todas las conferencias episcopales –después de examinar las respuestas de los fieles a las preguntas del papa Francisco—se niegan en rotundo a “redefinir el matrimonio”, que solo se considera entre un hombre y una mujer, pero al mismo tiempo piden “una actitud respetuosa hacia ellos, exenta de prejuicios” –en la línea de las palabras del Papa-- hacia los homosexuales. De la misma forma, a través de la encuesta, los fieles tampoco se muestran partidarios de que las parejas del mismo sexo puedan adoptar, ahora bien: “Si estas personas, piden el bautismo para el niño, debe ser acogido con la misma atención y ternura que el resto de los menores”. Una Iglesia, por tanto, más proclive a entender las nuevas relaciones de familia que a mandarlas al infierno directamente. Otra cosa –y también la encuesta hace hincapié en este asunto—es que muchos de los católicos con sotana comulguen con la vida moderna. Hay un punto del informe en el que se deja entrever un cierto malestar de los fieles con algunos pastores que, ahora sí, se muestran más papistas que el Papa en la aplicación de la doctrina.

De hecho, los católicos de todo el mundo han aprovechado la oportunidad para protestar por el mal ejemplo dado al mundo por la Iglesia católica. Se citan los escándalos sexuales, la pederastia, la incoherencia de algunos curas que no esconden una vida de lujo o que marginan a divorciados o a madres solteras. Todo esto, subraya el documento sin recurrir al lenguaje de los paños calientes tan habitual hasta ahora, ha provocado una “considerable pérdida de autoridad moral”.

 

Fe, sacramento y matrimonio

Uno de los asuntos calientes que tendrá que abordar el sínodo extraordinario del próximo mes de octubre y, sobre todo, el ordinario de 2015 es el de los católicos divorciados y vueltos a casar. Son legión los que, según reconoce el documento, están que trinan con la Iglesia por negarles los sacramentos, sobre todo el de la eucaristía y la penitencia, y en especial cuando acompañan a sus hijos a hacer la primera comunión. “Muchos sienten frustración y se sienten marginados”, admite el documento de trabajo, “algunos se preguntan por qué los otros pecados se perdonan y este no; o por qué los religiosos y sacerdotes que han recibido la dispensa de sus votos y de las obligaciones sacerdotales pueden celebrar el matrimonio y recibir la comunión, mientras que los divorciados vueltos a casar no”.

Como en otros tantos aspectos, la encuesta enviada por el Papa está sirviendo para demostrar a la Iglesia —para demostrarse a sí misma— que demasiadas veces no está a la altura del sufrimiento del prójimo. Y de ahí que lance una advertencia a los obispos que se reunirán en Roma a la vuelta del verano: “La pastoral familiar, lejos de cerrarse en una mirada legalista, tiene la misión de ayudar a las personas a vivir a la altura de su dignidad”.

Sobre la nulidad matrimonial, el documento retoma las consideraciones de Benedicto XVI: “En numerosos casos, señalados en particular en Europa y en América del Norte, se pide agilizar el procedimiento para la nulidad matrimonial; al respecto, se indica la necesidad de profundizar la cuestión de la relación entre fe y sacramento del matrimonio, como sugirió reiteradamente Benedicto XVI”. Sobre el mismo argumento, “algunos invitan a la prudencia, señalando que al agilizar, simplificar o reducir los pasos previstos se corre el riesgo de provocar injusticias y errores; se podría dar la impresión de no respetar la indisolubilidad del sacramento; se podría favorecer el abuso y obstaculizar la formación de los jóvenes al matrimonio como compromiso para toda la vida; se podría alimentar la idea de un divorcio católico”.

Grandes desafíos que, por tanto, tiene que afrontar la Iglesia con unos cuadros que, a veces, no están a la altura. “Se deduce”, dice el informe, “que los pastores se sienten faltos de preparación para tratar problemas relativos a sexualidad, fecundidad o procreación, de manera que con frecuencia prefieren no afrontar estos temas”.