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Alemania concluye al fin que la soja fue el origen de la 'E. coli'

Las autoridades tratan de cerrar la crisis con los datos que apuntan a la fábrica de Bienenbüttel - Levantada la alerta para no consumir lechuga, tomate y pepino

La incuestionable buena noticia es que el número de nuevos contagios está cayendo en todo el norte de Alemania. La ola infecciosa de bacterias E. coli enterohemorrágicas (EHEC) se retira desde hace días, al tiempo que decae el número de pacientes de EHEC que desarrollan el síndrome urémico hemolítico (HUS, mortal en el 5% de los casos). Después de 30 muertes en Alemania, otra más en Suecia y casi 3.000 infecciones registradas desde principios de mayo, los jefes de los institutos encargados de luchar contra la bacteria anunciaron ayer que han dado con su origen "casi con total seguridad": "Son los brotes" vegetales germinados de una pequeña plantación de Bienenbüttel (Baja Sajonia). El brote infeccioso se detectó a principios de mayo y se recrudeció a partir de su tercera semana.

El cultivo afectado por la sospecha no supone un factor económico clave

El ministro de Consumo reconoce que hay "restos de incertidumbre"

La acusación contra los brotes vegetales procedentes de Baja Sajonia se ha basado en los registros comerciales de la pequeña empresa Gärtnerhof, de Bienenbüttel. Vendió sus productos en los lugares con los que más se ha cebado la infección. No obstante estos indicios estadísticos, 502 de las 924 muestras que se recogieron directamente en la pequeña explotación agrícola han dado negativo en los análisis. Las 422 restantes no han concluido. Otro factor a tener en cuenta es que tres empleadas de Gärtnerhof enfermaron por contagio de EHEC, lo que permite sospechar que la plantación podría haber sido un multiplicador de la bacteria, quizá traída por una de las empleadas.

Sea como sea, cabe preguntarse por qué los afamados científicos del RKI tardaron varias semanas en dar con la pista de los brotes, contra cuyo consumo no se advirtió hasta el domingo pasado. Desde el 25 de mayo y hasta ayer se mantuvo la alerta contra los tomates, los pepinos y la lechuga crudos. Los agricultores sufrieron pérdidas millonarias. En España se hundió la exportación de hortalizas debido a la infundada acusación que el 26 de mayo lanzó contra tres pepinos andaluces la senadora (ministra) de Sanidad de Hamburgo, Cornelia Prüfer Storcks.

Ayer por la tarde, el Ministerio de Sanidad de Renania del Norte-Westfalia anunció que sus científicos habían dado con E. coli enterohemorrágicas del serotipo O104 en muestras de brotes procedentes de la plantación sospechosa. Se trata de la misma bacteria que ha causado la infección. Sin embargo, no son muestras recogidas en la propia plantación, sino en un paquete abierto encontrado en el cubo de basura de una familia afectada.

El ministro de Consumo del land, el verde Johannes Remmel, tuvo que reconocer el "resto de incertidumbre" que este análisis no despeja. Los brotes vegetales que contenía el paquete podrían haberse contaminado en la casa familiar o, tal vez, en el mismo cubo de basura. La bacteria puede transmitirse a través de un pañuelo usado o de unas manos sin lavar. El miércoles se encontraron bacterias del mismo tipo en la basura de otra familia afectada, en Magdeburgo. Aquellas bacterias estaban sobre restos de un pepino -apátrida-.

La ministra federal de Consumo, Ilse Aigner, dijo ayer que siente "bastante alivio" por el afianzamiento de las pruebas contra la explotación agrícola de Bienenbüttel. Su colega de Sanidad, Daniel Bahr, consideró que "los ciudadanos tienen ahora más claro cómo protegerse" de la ola infecciosa. Se alegró Bahr de haber "dejado atrás" lo peor de la crisis sanitaria. Advirtió de que aún "no se puede bajar la alarma", pero explicó que el descenso de nuevas infecciones permite "un justificado optimismo". Durante aquellas semanas "peores" de la infección, Bahr abandonó en manos de ministros regionales como Prüfer-Storcks la tarea de informar sobre el desarrollo de la ola infecciosa. Las informaciones contradictorias y la precipitación con la que se acusó a tres pepinos inocentes han reportado duras críticas a la gestión del Gobierno federal. Ayer, de pronto, todo eran recomendaciones de comer hortalizas frescas, lechugas, tomates, pepinos. Excepto brotes vegetales, claro está.

Bienenbüttel, supuesto epicentro del brote, es una adormilada localidad agrícola de Baja Sajonia. Sus 6.500 habitantes se levantaron el lunes con el pueblo ocupado por periodistas que se apiñaban en torno a la plantación sospechosa en busca de algún dato de interés. Todo lo que encontraron fue vecinos curiosos, un par de vacas rumiando y niños en bicicleta que disfrutaban del espectáculo de cámaras y reporteros. Gärtnerhof estaba cerrado a cal y canto y sus terrenos vigilados. Algunos nativos no ocultaban su disgusto por la acusación contra su pueblo, cuya validez no se ha demostrado hasta hoy de forma concluyente. Sin embargo, los cultivadores de brotes vegetales no representan un factor económico clave ni siquiera en el ignoto pueblo de Bienenbüttel, que atraviesa sus proverbiales 15 minutos de fama.

Los expertos consultados por este periódico señalan que es raro que se termine conociendo con seguridad el origen de este tipo de brotes bacterianos. De momento, lo único indudable es que remite el número de nuevas infecciones.