Groenlandia tira a verde

El deshielo alcanza un 97% de la capa superficial de la isla en tan solo cuatro días

Los científicos ven en el inusual fenómeno indicios de que el calentamiento se acelera

La capa de hielo del centro de Groenlandia mide más de dos kilómetros. / ASHLEY COOPER (CORBIS)

Groenlandia va camino de hacer honor a su nombre (tierra verde, en danés). Un “acontecimiento extremo sin precedentes registrados”, como lo describen los científicos de la NASA, ha hecho que en cuatro días el 97% de la parte más superficial del hielo que cubre la isla del Ártico se derritiera, cuando lo habitual cada verano es que solo se vea afectada como mucho la mitad de la cubierta. El fenómeno es tan inusual, único desde que se iniciaron las observaciones espaciales hace 30 años, que al principio los investigadores pensaron que era un error. Pero no. Tres satélites mostraban el 8 de julio que el deshielo solo había afectado al 40% de la cubierta. Cuatro días después, casi toda la cubierta había experimentado algún grado de fusión.

Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre la causa última del proceso. Quizá la más prudente sea una de las científicas de la NASA, Dorothy Hall: “Es demasiado pronto para decir si lo sucedido se debe al calentamiento global. Si seguimos viendo estas grandes fusiones, la evidencia indicará que hay un aceleramiento del calentamiento”, opina. Sobre la misma idea, José Manuel Moreno, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha y miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), añade: “Habrá que esperar a septiembre, cuando se analice el hielo que ha quedado, para saber qué parte de lo que se ha derretido ha acabado en el océano y qué cantidad se ha vuelto a congelar. Hay indicios de que fenómenos como este pueden estar relacionados con una aceleración del calentamiento”.

Otros expertos son más tajantes. Para el meteorólogo Ángel Rivera, estamos ante “un ladrillo más en el calentamiento de los polos”. “Es un indicador más en el sentido de que el cambio climático avanza”, coincide el exdirector de la Agencia Europea de Medio Ambiente, Domingo Beltrán.

La que sí está clara es la causa directa: una cresta de calor inusualmente fuerte, que se movió sobre la isla el 8 de julio, se estacionó unos tres días y hacia el 16 de julio había comenzado a disiparse, explica Rivera. La cresta provocó incluso el deshielo de un área en el centro de Groenlandia que no se había derretido desde 1889, según los análisis de los núcleos de hielo, indica la NASA. Estos “muestran que los eventos de este tipo ocurren aproximadamente una vez cada 150 años. Esta vez ha sido a los 130. Habrá que ver si se rompe el ciclo o si se mantiene. Porque lo grave es cuando se pierde la linealidad [la frecuencia]”, afirma Beltrán. “Entonces se puede llegar a un momento sin marcha atrás”.

Y de la excepcionalidad del proceso dependen graves consecuencias. “Si este calentamiento y el deshielo se mantienen, el nivel del mar subirá, y eso nos afectará a todos”, señala Hall. Las predicciones más pesimistas concluyen que un aumento de dos grados Celsius en la temperatura media del planeta, que es el tope máximo acordado en las últimas cumbres internacionales sobre cambio climático, provocaría la fusión total de la capa de hielo de Groenlandia, lo que elevaría el nivel de los océanos en siete metros de aquí a mil años.

La última vez que se registró un fenómeno parecido fue en 1889

Beltrán señala otro proceso que da un ejemplo de lo que ya está ocurriendo: “Como el hielo pesa mucho, al derretirse, la superficie de Groenlandia, que estaba hundida por su culpa, está subiendo. Ya lo ha hecho hasta dos centímetros”, dice.

No es la primera vez que saltan las alarmas en Groenlandia, que almacena el 10% del hielo del planeta. La semana pasada, un iceberg gigante que duplicaba en tamaño a la isla de Manhattan se desprendió del glaciar Petermann y quedó a la deriva en el mar. Un hecho que los investigadores no consideraron preocupante por sí solo, pero que, unido al excepcional deshielo, puede ser síntoma de un proceso de cambio. Además, en la última década se ha observado que el derretimiento de los bordes del casquete de la isla se ha acelerado, y en 2007 se registró una pérdida récord de hielo. Según un reciente trabajo coordinado por científicos del CSIC liderado por Carlos M. Duarte, la velocidad del calentamiento supera ya a la de adaptación natural de los ecosistemas árticos.

En cualquier caso, sea este deshielo un hecho puntual o no, científicos y ecologistas advierten de que no pueden ignorarse hitos como el que acaba de suceder en Groenlandia.

En septiembre se sabrá si el agua derretida llegó al mar o se ha recongelado

Por eso, voces destacadas en la lucha contra el calentamiento como el científico de la NASA James Hansen insisten en rebajar a 1,5 grados el límite máximo de seguridad. Desde 1880, la temperatura media de la Tierra ha aumentado cerca de 0,8 grados Celsius.

En todo caso, los Gobiernos ni siquiera están poniendo los medios para no sobrepasar el límite de dos grados, según muchos analistas. Para conseguir ese objetivo, la última evaluación del IPCC estima que para 2050 las emisiones de gases de efecto invernadero deberían haberse reducido entre un 50% y 80%, un objetivo que no se va a cumplir si se continúa con las políticas actuales. “Más allá de la evidencia de que la crisis ha reducido la tensión internacional ante el problema del cambio climático, hay una falta clara de voluntad política para reducir las emisiones que no puede achacarse solo a la coyuntura económica, sino a las presiones de empresas a las que no interesa que se reduzcan las emisiones”, denuncia Pablo Cotarelo, de Ecologistas en Acción. “Aparte de que los datos son espectaculares, lo que más me sorprende es que a nadie parece importarle”, apunta Beltrán.

Aida Vila, de Greenpeace, pone el acento en la dejadez del Gobierno español. “Teniendo en cuenta que la temperatura de la UE ha aumentado una media de 0,9 grados Celsius desde la era preindustrial y que la de España ha subido 1,5 grados, no se entiende que el Ejecutivo esté adoptando una de las políticas menos activas de Europa en la lucha contra el calentamiento. Solo hay que pensar en la reforma de la Ley de Costas, que no tiene en cuenta el impacto que el cambio climático va a tener en la costa”, subraya Vila. Beltrán va en esa línea. “¿Para qué quiere el propietario de un chalé en la playa que le prorroguen el uso con la Ley de Costas, si en 70 años no podrá usarlo por la subida del nivel del agua? Otros países, como Holanda, ya están trabajando para prepararse ante el futuro, pero aquí, no. Y no se pide nada excepcional. Cambiar el origen de la energía, no construir en la costa, cuidar las cuencas hidrológicas y lo que se denomina descarbonizar la economía había que hacerlo de todos modos, lo único que ahora se plantea es que hay que acelerarlo”, concluye Beltrán.

Un hecho excepcional

Una cresta de calor inusual ha provocado el deshielo extremo en Groenlandia. Entró el 8 de julio, tres días más tarde se estacionó sobre la capa de hielo, hacia el 16 de julio había comenzado a disiparse.

El 8 de julio, el deshielo solo había afectado al 40% de la cubierta superficial de la isla. Cuatro días después, el 97% de la cubierta, desde las zonas más finas en las costas hasta los dos kilómetros de profundidad en el interior, había experimentado algún grado de fusión en su superficie.

Deshielos como este ocurren una vez cada 150 años, según los expertos. Los satélites empezaron a medirlos en 1972, por lo que no hay registros de ninguno anterior; pero el análisis de los núcleos de hielo muestra que en 1889 se produjo uno similar.

La semana pasada, un iceberg gigante que duplicaba en tamaño a la isla de Manhattan se desprendió del glaciar Petermann y quedó a la deriva en el mar. Un hecho que los investigadores no consideraron preocupante por sí solo, pero que, unido al excepcional deshielo, puede ser síntoma de un proceso de cambio.

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