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España manda al gran sínodo sobre la familia su cara más conservadora

Entre los siete elegidos por el Papa están los cardenales Sebastián, de 84 años, y Sistach, de 77

Audiencia del Papa al arzobispo de Barcelona, en agosto.
Audiencia del Papa al arzobispo de Barcelona, en agosto.

El papa Francisco convocó, a las pocas semanas de su elección, un gran sínodo extraordinario en Roma para buscar nuevos caminos de comprensión o acercamiento de su iglesia a la familia moderna, en profunda crisis desde la perspectiva católica. La palabra latina sinôdus significa precisamente eso: caminar juntos, buscar respuestas entre todos. El sínodo lleva como título Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización. Esta mañana, el Vaticano ha dado a conocer la lista de los 191 padres sinodales, gran parte cardenales o arzobispos, y de los 62 participantes de base que participarán en esta reunión mundial, entre los días 5 y 19 del próximo octubre. Los escogidos en España, siete y una auditora invitada, no presagian novedades sobre el tradicional inmovilismo eclesiástico en materias como los métodos anticonceptivos, la investigación biomédica, los nuevos modelos de familia, qué hacer con los divorciados católicos vueltos a casar, la preparación de los jóvenes ante el matrimonio, etcétera.

Los designados por el Papa como padres sinodales españoles son el cardenal Fernando Sebastián Aguilar, de 84 años; el prelado de Barcelona, también cardenal, Lluis Martínez Sistach, de 77 años y pendiente de jubilación, y el arzobispo Ricardo Blázquez, prelado de Valladolid, de 72 años. Como “participantes”, según la terminología de la Santa Sede, acuden el prepósito de los jesuitas, Adolfo Nicolás Pachón, en retirada por edad (78 años) y por salud; los sacerdotes Manuel Jesús Arroba Conde y Alfonso Fernández Benito, y la laica Carmen Peña García. Otra mujer, la profesora María Lacalle Noriega, está convocada como “auditoria”, según el comunicado.

Pese a que la Conferencia Episcopal incluye esta mañana a Nicolás y Arroba entre los designados por España, en realidad se trata de un nombramiento romano. El prepósito jesuita reside en Roma y figura en la lista como representante de los superiores de órdenes religiosas, y lo mismo ocurre con el claretiano Arroba, superior de su congregación, profesor de Derecho Canónico procesal en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y uno de los asesores del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos por nombramiento de Benedicto XVI en abril de 2011.

 Entre los elegidos por el Papa hay catorce parejas de casados, según el comunicado oficial. En el caso de España, predominan los clérigos, incluso con autoridad dentro del organigrama del Estado pontificio, pues Arroba ha sido hasta hace poco juez decano del tribunal de primera instancia del vicariato de Roma y referendario del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica.

 Respecto a Carmen Peña García y María Lacalle Noriega, se trata de muy reconocidas profesoras en instituciones conservadoras del catolicismo español. Peña es profesora de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia Comillas y Defensora del Vínculo y Promotora de Justicia del Tribunal Metropolitano de Madrid. María Lacalle Noriega es directora del Centro de Estudios sobre la Familia del Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas de la Universidad Francisco de Vitoria y secretaria general de la Sociedad Española de bioética y biojurídica.

“El matrimonio no se ha prohibido, pero se ha vaciado de contenido”, tiene dicho Lacalle en una de sus frecuentes intervenciones públicas. Pese a todo, el más significado en posiciones ultraconsrervadoras es el cardenal Fernando Sebastián, elevado a ese rango, a los 84 años, en el primer consistorio de Francisco, a principios de este año. Poco después, el arzobispo emérito de Pamplona, retirado en Málaga, declaró a un periódico local que la homosexualidad es un defecto que tiene tratamiento y se cura.

Semanas antes el Papa, preguntado sobre su actitud sobre los homosexuales, había dicho: "¿Quién soy yo para juzgarlos?". Pero, según Fernando Sebastián, “una cosa es manifestar acogida y afecto a una persona homosexual y otra, justificar moralmente el ejercicio de la homosexualidad”.

Añadió el cardenal: “A una persona le puedo decir que tiene una deficiencia que es lo que es, pero eso no justifica que deje de estimarla y ayudarla. Con todos los respetos digo que la homosexualidad es una manera deficiente de manifestar la sexualidad, porque ésta tiene una estructura y un fin, que es el de la procreación. En nuestro cuerpo tenemos muchas deficiencias. Yo tengo hipertensión, ¿me voy a enfadar porque me lo digan? Es una deficiencia que tengo que corregir como pueda".